Begoña Labaien - Jueves, 12 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:07h.
A veces la realidad supera la ficción. Del 6 al 14 de julio en Iruña ocurre de todo, situaciones donde las emociones están a flor de piel y en ocasiones superan el raciocinio de algunas personas. Pero es normal ¿no? Son las fiestas, todo vale, necesitamos este comodín para equilibrar las tensiones y/o represiones del día a día. Justificamos los actos inadecuados que se dan en San Fermín diciendo aquello de ¡Son Sanfermines! Y eso va desde ensuciar el suelo hasta abusar de los animales y de las personas. En las fiestas tendemos a agredir, destrozar, maltratar... y buscamos la víctima perfecta. Suele tocarles a los toros, no sé el motivo. ¿Será porque es un animal precioso, que transmite fuerza y poder? ¿Necesitamos imponernos a lo que da miedo para sentirnos bien? Igual nos sometemos demasiado en el trabajo, en la calle, en las relaciones... cuando no son fiestas. Pero la pesadilla en San Fermín continúa, buscando más víctimas. La excusa perfecta, el sexo. Hay tensión sexual en la fiesta, está claro, entra en contacto mucha gente desinhibida por el alcohol y otras drogas, y como estamos en San Fermín es normal pasarnos ¿no? Hay muchas chicas que han interiorizado esto, y justifican demasiadas cosas. Por ejemplo, a una mujer le tocan el culo en un bar, luego lo criticará con sus amigas pero no va a pasar de ahí. Imaginemos que sabe los datos personales del chico y le denuncia... Estaría exagerando ¿o no? Una amiga suya conoce a un chico, van a un parque y justo antes de la penetración dice que le duele y que no quiere y el chico le fuerza. A otra le agarran entre dos chicos con fuerza cuando va por una calle sola y por suerte consigue soltarse y escapar corriendo. Es normal, estamos en San Fermín, ¿no? ¿Por qué aceptamos unas fiestas bajo cuyo nombre pasa todo esto? ¿Qué complejos tratamos de compensar en San Fermín? Creo que es responsabilidad de todos y todas eliminar las agresiones y el sometimiento como forma de relacionarnos y/o divertirnos, con los animales o las personas. En realidad, son conductas terriblemente infantiles ¿no? Lo digo porque hay algunos curiosos paralelismos: un niño/a se ríe cuando destroza un insecto, un adulto aplaude cuando matan un toro, un niño/a pega a otro cuando no le deja un juguete, un adulto se apropia con violencia del cuerpo de otra persona. ¿A quién le beneficia que seamos unos críos/as? Sería genial demostrar que tenemos la madurez como mínimo de un adolescente para protestar e intentar cambiar lo que no nos parece bien, quejarnos muy alto, hacer mucho ruido... En Sanfermines se puede, ¿no?
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