La mirada femenina del 27

Viernes, 28 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:13h.

NOVELA

TEA ROOMS. MUJERES OBRERAS

Autora: Luisa Carnés. Editorial: Hoja de Lata, 2016. Páginas: 249.

La Generación del 27, al igual que otros movimientos literarios, contó con autores y autoras de renombre universal pero la inmensa mayoría de estas figuras respondieron a nombre de varón: así, los señores Guillén, Alonso, Salinas y Alberti publicaron numerosos libros de diverso género y calado, adquirieron su prestigio y perfeccionaron (o, cuando menos, complementaron) la técnica poética y narrativa de otra generación igualmente notable, la del 98, pero también la del 27 guarda tesoros escondidos, obras, además, de mujeres que ya entonces contaban con el reconocimiento de la crítica y sin lograr, por ello, visibilidad alguna en muchos casos. Una de esas autoras es Luisa Carnés, que publicaría en 1928 Peregrinos de Calvario, colección de relatos que la daría a conocer y precedería a la novela Natacha, editada dos años más tarde.

Si ésta última indaga en la vida laboral de un taller textil de la época, Tea rooms (o Mujeres obreras) lo hace en el día a día de un salón de té de aquel primer tercio del siglo XX y supone el espejo de las penurias de la práctica totalidad de aquella población capitalina. En la novela, que sí parece haber dado cierta fama a Luisa Carnés desde su aparición en 1934, puede apreciarse el destacable estilo narrativo de la autora pero está igualmente presente en la historia relatada toda la fuerza característica de la denominada novela social que muchos consideran como un ejemplo de las energías creativas de nuestros días y, sin embargo, ya está presente un siglo atrás, impronta política (o puramente narrativa) que estuvo a punto de morir con la implantación obligatoria de un régimen que llevaría a estos y otros autores y autoras a la muerte o al exilio, caso de la obrera y periodista madrileña Luisa Carnés, que daría con sus huesos en la capital mejicana, la que acogería a Luisa Carnés hasta el final de sus días.

Acerca de la novela en sí, puede considerarse que Tea rooms muestra de manera realista el ambiente laboral y social del Madrid de los años 30 de la pasada centuria y puede disfrutarse, en su lectura, de un ritmo adecuado a las circunstancias narradas, el felizmente elegido para mostrar las andanzas de unas jóvenes a las que nadie ha puesto fácil absolutamente nada y logran atraer la atención de ese lector al que, ya en el inicio del relato, se le ofrecen rasgos narrativos experimentales:

“…siendo los prontos reembolsos el alma del comercio, confío en que usted encontrará un medio de remitirme el producto neto de esta operación en letras sobre Londres o París…

Rin, rin, rin…

El hombre gordo y calvo alarga la mano hacia el receptor telefónico.

-Sí. Al habla Hijos de Grey”.

Tea rooms, por ello y por mucho más, vale su peso en oro, pues todo en dicha obra es propio de una novela nada enrevesada e interesada, por el contrario, en mostrar las grietas de la sociedad española de hace muchas décadas, identificadas por una mujer valiente, ¡cómo no!, pero igualmente comprometida con la veracidad de la lucha contra la injusticia en cualquiera de sus formas y en una época en la que todo (o casi todo) resultaba demasiado complicado:

“La noche.

Diez horas, cansancio, tres pesetas.

Fuera hace calor.

A la puerta, un viejo pregona los diarios nocturnos.

El público que sale de los cines y teatros emite comentarios en voz alta.

Diez horas, cansancio, tres pesetas”.

Finalmente, la novela presenta una sumisión de sus formas a la historia narrada, sin que, por ello, carezca de atractivo formal, puesTea rooms es la obra de una periodista que siempre se interesó por dibujar con precisión maestra la lucha por la supervivencia cuando ésta era un fin casi inalcanzable para las clases más desfavorecidas de la eterna España profunda.