la carta del día

A vueltas con los Caídos

Por Carlos Mateo Doray - Viernes, 17 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h.

el pasado 23 de enero de 2017 apareció un escrito en DIARIO DE NOTICIAS con el títuloQué hacemos con el monumento a los Caídos, en el que, además de diversos comentarios de expertos y del alcalde Sr. Asiron, había unas fotografías del 4 de diciembre de 1952 en la que estaba Franco al pie del monumento que entonces inauguraba, y también se encontraban numerosos grupos de escolares en los que me encontraba yo, supongo por orden de los directores de los colegios que entonces existían.

Recuerdo poco, pero sí que este edificio estaba aislado, con campos alrededor y poco más. Con el paso del tiempo se construyeron diversos edificios de viviendas que conformaron la plaza actual.

Según nos decían nuestros profesores, era un mausoleo en conmemoración de los muertos en la Guerra Civil de 1936-1939.

He leído numerosos comentarios que han ido apareciendo últimamente en este periódico. Debido a mi centro de trabajo, precisamente en esta plaza, durante más de 20 años he visto este edificio miles y miles de veces pero nunca he entrado. Este llamado “mausoleo” siempre me ha parecido frío, distante, con un aire de esconder algo oscuro, silencioso, pero me he acostumbrado a él.

Creo que los promotores de este edificio se equivocaron en su ubicación. Si es un mausoleo, debieron edificarlo en el cementerio junto a otros mausoleos más humildes y diferentes sepulturas de diverso tamaño y formato.

Yo le pediría al Sr. Asiron y a su equipo que hicieran un estudio técnico y económico del desmontaje de este edificio y le buscaran un acomodo en el cementerio de Pamplona (y que aprovecharan que ya no están los inquilinos que lo ocuparon). No tenemos que echarle la culpa al edificio del horror que ha contenido y su significación. Esta labor daría ocupación y trabajo a numerosos técnicos y profesionales de la construcción que verían con buenos ojos resolver en todo o en parte su medio de vida durante un tiempo, además de desarrollar su profesión en un trabajo especializado.

Una vez terminado su traslado, lo dedicaría a albergar los restos mortales de los pamploneses y adoptivos ilustres que hayan aportado sabiduría, ciencia y arte a nuestra ciudad Pamplona-Iruña (que los hay y muchos esparcidos por toda Navarra), poniendo su biografía y sus méritos en una placa para que algunas de las muchas personas que van al cementerio diariamente pudieran acercarse a visitar este edificio, yo mismo lo haría por primera vez, y enterarnos de nuestros ilustres convecinos fallecidos para aprender un poco de nuestra historia.

El autor es técnico de construcción jubilado