Editorial de diario de noticias

No conviene engañarse

Tomadas las elecciones holandesas como previo del ciclo electoral (Francia, Alemania, Italia...) que se abre en Europa, es más que erróneo considerar que se ha comenzado a frenar al populismo y la ultraderecha

Viernes, 17 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:07h.

El triunfo del partido liberal VVD del actual primer ministro Mark Rutte en las elecciones legislativas holandesas se ha analizado en un primer momento como la victoria de la Europa política tradicional frente a los cada vez menos incipientes y más respaldados populismos tangentes a la extrema derecha. Además, el hecho de que uno de los principales exponentes de esta tendencia, Geert Wilders y su Partido de la Libertad (PVV), de ideología xenófoba, no haya logrado su objetivo de convertirse en primera fuerza se interpreta como un primer paso en la contención del fenómeno. Y quizás ese análisis sea lógico tras los sorprendentes resultados del referéndum del brexit, contrarios a las tesis gubernamentales del entonces premier David Cameron;de las presidenciales en Estados Unidos con el triunfo del candidato exosistema, Donald Trump;y del referéndum para la reforma constitucional que costó el cargo al primer ministro italiano MateoRenzi;pero no conviene engañarse. Wilders y su partido han logrado 20 escaños, uno más de los que le auguraban las últimas encuestas y cinco más de los que ocupaba ya en el legislativo holandés, mientras que el partido gubernamental de Rutte ha logrado 33, ocho menos, y su socio en el gobierno, los socialdemócratas del Partido del Trabajo (PvDa) de Jeroen Dijsselbloem, ministro de Finanzas y presidente del Eurogrupo, han sufrido una derrota histórica que les ha costado 29 escaños y pasar de ser el segundo partido del Parlamento al séptimo con 9 escaños. En todo caso, el electorado holandés, que ha participado en niveles desconocidos en las últimas décadas (82%), se ha desplazado hacia los extremos, por cuanto al aumento de respaldo de la ultraderecha -aun siendo menor de lo que se temía- hay que añadir el crecimiento espectacular del partido Groenlinks (verdes de izquierda), que pasa de 4 a 14 escaños, lo que forzará a Rutte, si pretende una mayoría suficiente, a formar una coalición multipartita con los democristianos del CDA, los liberal progresistas de D66 (19 escaños cada uno) y sus actuales socios socialdemócratas, lo que difícilmente abonará la estabilidad. Quiere esto decir que, tomadas las elecciones holandesas como antesala del ciclo electoral -Francia, Alemania e Italia- que se abre en Europa, se antoja más que erróneo alzar al vuelo las campanas que anuncian el freno al fenómeno del populismo y la ultraderecha.