Perdonarse uno mismo

Luis Beguiristain - Sábado, 18 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

La palabra perdonar o perdón no tiene nada que ver con religión, aunque la religión la haya desgastado por todos los lados, convirtiéndola en una idea insulsa como tantas con las que pretenden justificar sus sueldos de religiosos. Cuando he visto en la televisión un montón de obispos vestidos de blanco impecable y con sus mitras y cruces doradas, me pregunto si cada uno de ellos limpiará en su lavadora privada esas ropas tan caras y si las habrán comprado con el dinero de sus sueldos, o esos gastos serán considerados como del conjunto de la empresa. Así pues, cuando las personas tienen sentimientos de culpa graves, por unos errores concretos dramáticos o porque el conjunto de sus vidas están basadas en la mentira y han sido descubiertos de alguna manera, todos quieren sentirse bien con sus conciencias. Quieren que la sociedad no les castigue fuerte o que ellos mismos logren paz interior en esa maquinaria mental que se ha puesto a unas revoluciones que no pueden controlar.

¿Acaso un representante de Dios le debería quitar todo su dolor interno sin más? Ese representante, de ropitas impecables y título de sacerdote, sería para mí un simple figurante, y nada más. Un verdadero representante de Dios enseña a conocer la verdad del bien y del mal y la justicia divina correspondiente. Uno se debe perdonar a sí mismo cuando ha comprendido su error de vida y ha cambiado de actitud, sea en un aspecto de su proceder o que esté buscando una purificación de su alma en el conjunto.

¿De qué sirve un juicio de la sociedad en que la mayoría de sus críticos y opinadores solo ven los errores de las políticas de los partidos oponentes a sus afinidades, y no quieren ver los errores de las personas de la sociedad, incluidos ellos mismos? Cada persona ha de dar cuentas a su conciencia por las consecuencias de sus actitudes, según la responsabilidad y poder social de cada uno. Da lo mismo si es el director de un medio de comunicación o uno que está tirado en el rincón de una acera con una botella de vino porque se rindió ante las dificultades que le ha puesto la vida. Perdonar es ayudar a cambiar de actitud, y entonces la persona (la sociedad) se está curando.