Mar de fondo

Velar por el velo

Por Xabi Larrañaga - Sábado, 18 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h.

No es un cliché cruzado sino una obviedad social: allá donde el islam domina, país o barrio, disminuye la libertad. Cabe discutir razones históricas y teológicas, airear excepciones, destacar defectos propios, hermosear el ayer y augurar un mañana próspero -¡ojalá-, pero el presente es el que es: uno, y sobre todo una, puede hacer muchas más cosas cuando la media luna no brilla hasta oscurecer. En la oficina, en la calle, en la casa y en la cama. Casi da apuro científico recordarlo.

Y no, no todas las creencias son hoy iguales porque no todas afectan de igual forma a laicos y ateos. Los fieles, que hablen ellos. Basta mirar a Chipre. Los grecochipriotas del sur, aun siendo muy conservadores, han progresado antes que los turcochipriotas del norte. Estos han sido los últimos europeos en despenalizar las relaciones homosexuales, hace solo tres años, aunque según la noche todavía apresan a incautos amantes. Ahí tienen la realidad, tozuda y desafiante: mismo cielo, misma isla, distinta fe y distinta concepción de los derechos del prójimo. O sea, distinta ley. Y es que la vida no es como nos gustaría que fuese para adecuarla a nuestra ideología.

Y, aun así, o por eso mismo, estoy en contra de prohibir el velo, ya sea una muestra de sumisión, símbolo identitario, icono religioso o mero hábito que no hace al monje. Ni el Estado ni el jefe son nadie para inmiscuirse en una opción personal que, al menos aquí, no obliga a nada al resto del vecindario. Será tarea de los jueces dilucidar cuánto hay de personal en esa opción por estos pagos, pero sentenciar a priori que en ningún caso lo es se parece bastante a prejuzgar. Léase discriminar.