Editorial de diario de noticias

Euskera, democracia y autonomía local

El reciente proceso de modificación de la Ley del Vascuence a petición de una larga serie de municipios suscita una serie de reflexiones y debates en los que por encima de todo deberían estar los principios democráticos

Lunes, 20 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:07h.

El movimiento iniciado por un grupo de ayuntamientos solicitando su incorporación desde la zona “no vascófona” a la llamada “zona mixta” es un fenómeno interesante desde varios puntos de vista. En primer lugar, sociolingüísticamente es evidente que las lenguas -en tanto en cuanto habladas por personas- son entes vivos que cambian, evolucionan, mutan, crecen o desaparecen. Y el euskera, a tenor de los datos de la última encuesta sociolingüística y de la prematrícula, es una lengua que ha logrado salir de una delicada situación al borde de la desaparición tras la dictadura franquista y goza de una salud razonable, sobre todo entre las nuevas generaciones. Y esto exige al menos una actualización de la Ley Foral del Vascuence, ya que la Navarra de 1986 nada tiene que ver con la actual. En el siglo XXI no existen compartimentos estancos (por muchos muros que algunos nuevos mandatarios mundiales quieran levantar) y los derechos van con las personas que deciden dónde vivir y trabajar. En segundo lugar llama la atención el fuerte componente municipalista del proceso. Son los ayuntamientos, las entidades que mejor conocen y representan a la ciudadanía por su cercanía -como dice el presidente de la FNMC, Pablo Azcona-, quienes han movido ficha exigiendo un respeto a su autonomía, no sólo en este tema sino en todos. Azcona -dicho sea de paso- es un exponente de una nueva generación de ediles y alcaldes que han dado la vuelta al mapa local y electoral por su vocación de suma y cercanía a pueblos que miran sin complejos a la capital. Finalmente, como también indica en su entrevista, en el fondo se está hablando de democracia, de la voluntad de las mayorías con respeto a las minorías. Y es que nada hay más contrario a la “imposición” que el “bilingüismo” o normas que ni obligan ni prohiben como esta vía abierta por la modificación de la Ley del Vascuence o la filosofía del futuro decreto del euskera en la Administración foral que la desarrollará. Esto es lo sustancial de este asunto. Todo lo demás es griterío político y teorías paranoicas de la conspiración sin una base real razonable. Que una minoría parlamentaria, como la formada hoy por UPN, PPN y PSN, arremeta contra la legitimidad de la mayoría parlamentaria, la soberanía de los ayuntamientos y la voluntad popular puede ser rentable electoralmente pero muy deficitario democráticamente. Es sensato apelar al consenso en temas sensibles como las lenguas, pero no son ellos quienes, tras 30 años de imposición real, pueden dar tampoco lecciones de esto.