talentos navarros del Teatro y la Danza

Los navarros David Bernués y Martxel Rodríguez, finalistas en los Premios Max

El primero opta al Premio al Mejor diseño de iluminación por ‘Oskara’, de Kukai Dantza Taldea
El segundo está nominado al Premio al Mejor intérprete masculino de danza por su actuación en la misma obra

Fernando F. Garayoa - Jueves, 20 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h.

Pamplona- El comité organizador de los Premios Max de las Artes Escénicas dio a conocer ayer los finalistas de las 23 categorías a concurso de la 20ª edición de los premios Max, galardones que tienen como propósito, reconocer el talento de los profesionales del Teatro y la Danza, y la promoción de los espectáculos de la temporada.

Entre los finalistas de la presente edición figuran dos navarros David Bernués, posible Premio al Mejor diseño de iluminación con la coreografía de la producción Oskara;y, Martxel Rodríguez, que opta al Premio al Mejor intérprete masculino de danza por su actuación en la misma obra. Todo un hito foral en estos galardones.

Para David Bernués (Acrónica Producciones), esta nominación es “una sorpresa y una motivación para seguir aprendiendo e investigando en el mundo de la luz y de la iluminación”. Una faceta que quizá sea de las más tapadas en lo que a la escena se refiere, lo que no quita para que su aportación sea fundamental para que el espectáculo cuaje entre el público y se desarrolle en las condiciones óptimas. “La iluminación es uno de los aspectos técnicos de cualquier espectáculo, y como tal solemos estar en segunda línea, lo que también me parece normal porque lo primero es el texto, los actores, o en nuestro caso los bailarines. Pero, aunque sea un apartado técnico, la luz es importantísima y fundamental en cualquier propuesta escénica;pero el resultado final, esa plástica que finalmente ve el espectador, depende también de otros factores como la escenografía o el vestuario. Es decir, dentro del mundo técnico, la iluminación es un pata más de la estructura que, junto a otros elementos, dota de una plástica o de una estética a cada producción. En el caso de Oskara, se trata de un espectáculo que estéticamente es redondo, está muy bien resuelto, pero eso, como digo, es el resultado de una mezcla de factores: tiene una buena iluminación porque hay una propuesta escénica buena, al igual que el vestuario, las coreografías o los dantzaris”.

En cuanto al trabajo realizado por Bernués, “fue un proceso peculiar, porque, en principio, no contaba con hacerlo únicamente yo, puesto que el director, Marcos Morau, trabaja con un equipo habitual de creadores... De tal modo que cuando me doy cuenta de que las luces las voy a hacer solo yo, el espectáculo ya está muy avanzado, así que fue un trabajo muy rápido, que tuvimos que crear en pocos días, sin mucho tiempo para pensar en el concepto, fuimos más a aspectos prácticos, centrándonos en las coreografías que teníamos y los elementos que debíamos iluminar. Es cierto que, en el proceso creativo, yo aporté una base pero, posteriormente, sí hubo un trabajo común con el director de escena, con Marcos, para llegar a un puerto común con los criterios definitivos y la plástica;esa es una labor en la que tú tienes que encontrar las pautas para acercarte al mundo que él ha creado en su cabeza”.

Por su parte, Martxel Rodríguez estaba exultante ayer y manifestó que la nominación supone una “enorme alegría en este camino de alegrías que ha supuesto para mí Oskara. Desde la primera llamada de Jon Maya preguntándome si quería participar en el proyecto hasta el desarrollo posterior del mismo, para mí ha sido todo súper positivo y bonito. Poder trabajar con Marcos también ha sido un placer y me ha aportado mucho como bailarín. Y esto es casi como la guinda del pastel...”, a la espera de que la guinda definitiva llegue el próximo 5 de junio. “En cualquier caso, la candidatura fue mucho, y ahora ser finalista... casi ni me lo estoy creyendo mucho”.

En cuanto a su papel en Oskara,Martxel apuntaba ayer que “desde pequeño he bailado danzas tradicionales vascas, pero, al principio, me costó amoldarme al estilo específico que tiene el resto de integrantes de Kukai, ya que en cada pueblo hay variantes de cada danza, por lo que tuve que adaptarme a sus pasos y bailes tradicionales. Y, por otra parte, lo que nos aportó Marcos, que es ese lenguaje desestructurado y que casi nos hacen movernos como muñecos, en realidad me cautivó enseguida porque entendí perfectamente que a mi cuerpo le venía muy bien ese tipo de lenguaje. Desde siempre me ha gustado este tipo de movimiento y fue como una adicción entrar en su manera de improvisar y de buscar material coreográfico. Fue una gozada y, de hecho, todavía seguimos casi con la broma de crear frases con su método, porque una vez entras, parece que ya no sabes bailar de otra manera”.

Lo que está claro es que si Oskarahabía sido un éxito de público, ahora vivirá, sin duda, un nuevo empujón. “Una de las mejores cosas de esta producción es que la estamos bailando un montón, desde el estreno no hemos parado de hacerla y con esto seguro que saldrán más bolos, que es lo que queremos, bailarla y seguir enseñándola”.

La obra Oskara,obra que ya visitó el Teatro Gayarre en abril de 2016, supone el encuentro entre Jon Maya (Kukai Dantza) y Marcos Morau (La Veronal). Es la unión entre dos universos coreográficos y dos miradas hacia la danza que navegan entre la raíz más popular y la expresión más vanguardista. Oskara es un trabajo instalativo que recorre algunos pasajes de la cultura vasca, mitos, desde su origen hasta la época contemporánea y dibujan un recorrido plástico y emocional de símbolos e iconografía de fuerza ambigua y desconcertante que, de la manera más absoluta, contiene la historia de la experiencia humana.