La fiesta se alarga hasta el sábado

Tras el ‘Pobre de Mí’ fueron muchos los que quisieron continuar con la fiesta
Los locales se recuperan de San Fermín y la calle vuelve a la normalidad

Unai Yoldi Hualde Iñaki Porto - Domingo, 16 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

pamplona- A las doce de la noche del día 14, el ‘Pobre de Mí’ puso punto y final a San Fermín. Miles de pamploneses y pamplonesas se quitaron el pañuelico rojo y comenzaron la cuenta atrás para los Sanfermines de 2018. Sin embargo, la fiesta no se acabó ni mucho menos. Aún quedaban muchos jóvenes, y no tan jóvenes, a los que las ganas de alargar la juerga les pesó más que la resaca.

Con los primeros rayos de sol tuvo lugar un multitudinario encierro de la villavesa, tras el que la gente comenzó a retirarse a sus casas después de más de nueve días de fiesta ininterrumpida. Pero con la llegada del sábado, por mucho que sea 15 de julio, las calles del Casco Viejo de Iruña se resistían a quedarse vacías y durante todo el día de ayer la actividad transcurrió, más o menos, como cualquier otro fin de semana.

vuelta a la normalidadA mediodía, varias decenas de personas se dejaron caer por las calles de la ciudad para tomar el vermú como muchos otros sábados. La calle Estafeta y la calle San Nicolás fueron dos de los puntos en los que los pamploneses se congregaron para charlar y hacer su particular balance de las fiestas. Bien es cierto que a esas horas la juventud escaseaba y eran los mayores los que se resistían a quedarse en casa, probablemente porque los Sanfermines no les ha pasado tanta factura.

Quienes también siguieron ayer con su ritmo habitual de vida fueron muchos hosteleros. En San Nicolás, varios establecimientos parecían haberse recuperado como si por ellos no hubiesen pasado nueve días de fiesta seguidos. En la célebre calle del encierro, todos los bares abrieron sus persianas salvo Casa Juanito, La Estafeta y algún otro más que decidieron descansar tras tantas horas de desenfreno.

Pero no todas las calles de Iruña terminaban los Sanfermines con tanta vitalidad. En las zonas en las que se mueve la gente más joven, las secuelas eran evidentes. La calle Jarauta, en la que gran parte de las peñas del la ciudad tiene su sede, se despertó desierta. Las persianas de las peñas y los bares llegaban hasta el suelo, que todavía se encontraba pegajoso y el olor a fiesta aún se podía apreciar en el aire. En Navarrería, la situación no era muy distinta en cuanto a los locales, casi todos cerrados, pero sí lo era el ambiente. Pese a no ser muchos, una decena de jóvenes con el atuendo sanferminero bailaba a las afueras de el Mesón de la Tortilla tras toda una noche, y buena parte de la mañana, de juerga.

Por otra parte, varios grupos de alemanes, franceses o chinos aprovecharon el fin de las fiestas para visitar los lugares más emblemáticos de la ciudad.

las secuelasPero por mucho que el día 15 se recupere la rutina, nueve días de San Fermín, por los que han pasado más de un millón de personas por las calles de la ciudad, no pasan como si nada. Los servicios de limpieza del Ayuntamiento han estado todas las fiestas dejando las calles lo más decente posible, pero ayer pusieron una marcha más para dejar Iruña sin tanta basura.

También muchos establecimientos colgaron el cartel de cerrado par aprovechar a limpiar y recobrar la normalidad. Javier fue uno de los encargados de limpiar el bar El Museo de la calle San Gregorio. Tras toda la mañana limpiando, aprovechó un descanso para tomar un poco el aire. El joven pamplones aseguró que tras los Sanfermines el bar “se queda realmente sucio”. “Ahora es cuando pienso que a la noche todos deberíamos manchar un poco menos”, comentó entre risas. Este año es el tercero que limpia el bar y reconoció que estas fiestas “ha habido menos basura para limpiar”.

Quienes tampoco dejaron de trabajar ayer fueron los repartidores de bebida. En los establecimientos, son días de hacer balance y de reponer todo lo que se ha agotado. Los trabajadores con sus carretillas llenas de barriles y cajas, entraban y salían de los locales. Uno de ellos, al entrar en la calle Calderería, hasta tuvo que hacer las veces de toro al encontrarse con un grupo de mozos, aún de blanco y rojo, que se pusieron delante de él a correr simulando el encierro.

Los Sanfermines han dado mucho de sí y, aunque la ciudad recupera su ritmo habitual, son muchas las secuelas que han dejado a su paso estas fiestas sin igual.