“Va pensiero, sull’ali dorate...”

Domingo, 16 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

“Vuela pensamiento en alas doradas;vuela y pósate sobre las colinas y las cimas...”. Se han cumplido 175 años desde que se cantó por primera vez, el grandioso coro de los esclavos, el tercer acto de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, con letra de Temistocle Solera, inspirada en el Super flumina Babylonis (Sobre las aguas de Babilonia), el Salmo 137, himno de acción de gracias que la tradición judía atribuye al rey David. Desde niños y de adolescentes, creo que era la única, quizás junto a la Marcha Triunfal de Aida, del mismo Verdi precisamente, o de los muy contados fragmentos que escuchábamos encantados de una cosa que decían “ópera” de la que, por el contrario, astotxos (borricos) de nosotros huíamos en cuanto oíamos citarla. Eran otros tiempos y nuestras inquietudes e inclinaciones musicales iban por otros derroteros, evidentemente.

Casualmente, de la denominación de ópera (obra musical) se cumplen también cuatrocientos años, cuatro siglos desde 1617, cuando empezó a llamarse así a este “género de música teatral en el que una acción escénica se armoniza, se canta y tiene acompañamiento instrumental”. Del desconocimiento de esta y algunas otras similares enfermedades nos fuímos desasnando conforme esa que dicen juventud se nos fue curando con la medicina del tiempo.

Cuando adolescentes, cantábamos la música de Va pensiero pero con una letra distinta: “¡Virgen santa, virgen pura, haz que apruebe, esta asignaturaaaa!”, a lo que nos solían contestar: “Si quieres aprobar, estudia cara dura”. Con todo, pasados varias veces de rosca y gracias a gentes inteligentes y leídas (y oídas) que nos abrieron los ojos, el maestro Juan Eraso Olaetxea el primero, tantas cosas admirables y milagrosas que nos contaban de “su coral”, nos fueron iniciando en cultivos musicales de más categoría y envergadura.

Después, el paso de los años que se nos han escapado como arena de playa entre los dedos, han ido apaciguando aquellas prisas lógicas de juventud y el gusto por los ruidos. Y nos han movido a observar las cosas con más pausa y distancia y conocer el valor y la belleza de grandes óperas y sinfonías, la música que nos decían “culta” y antes no llegábamos a entender ni a prestarle atención.

El Va pensiero del Nabucco de Verdi, una de cuyas versiones, representada en Nueva York por la orquesta y el coro del Metropolitan Opera House y dirigida por James Levine, supera los 15 millones de audiciones en internet es para los italianos, el símbolo de la búsqueda de la libertad de su pueblo, que al crearse en 1842 estaba ocupado y so juzgado por la casa de Habsburgo, a la que combatió hasta unificar Italia. Y es por lo que de forma constante, reiterada, se reivindica como himno oficial de la nación trasalpina y uno cree que acabará siéndolo. Su majestuosidad prodigiosa y rotunda ha trascendido en el tiempo, y 175 años después emociona y abre sentimientos y corazón como el primer día. - L.M.S.