Editorial de diario de noticias

Balance positivo con retos pendientes

San Fermín 2017 se caracteriza por el buen ambiente y merman las denuncias mientras se mantiene la afluencia a los actos y sube la participación del encierro. El turismo extranjero y la programación musical, motivo de reflexión

Lunes, 17 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

le asisten razones al alcalde Asiron para mostrarse razonablemente satisfecho con el devenir de los Sanfermines de 2017. En efecto, el buen ambiente en la calle volvió a constituir la pauta principal y desde la perspectiva de la seguridad resulta destacable la recogida de un 15% menos de denuncias, cierto que con un alza de los robos con violencia, a lo que agregar el muy relevante dato de que el 80% de los autores de abusos y agresiones sexuales fueron detenidos. Aun ponderando la concienciación de la ciudadanía pamplonesa respecto a esta lacra y que Iruña se ha convertido en un referente de su combate, con catorce denuncias no cabe ni un ápice de autocomplacencia y habrá que seguir en la misma senda, también persuadiendo a las empresas periodísticas para que no circunscriban la información de los Sanfermines al balance de delitos sexuales -equiparándolos además a la variante máxima de la agresión- y de heridos en los encierros. Precisamente los encierros son otro de los elementos para congratularse, al consolidarse el mayor respeto de los corredores que ya venía observándose y porque ha aumentado la participación en un 4%, casi la mitad extranjeros, sin producirse cornadas irreversibles. La afluencia a los 425 actos oficiales registra un leve descenso, pero se mantiene estable en torno al millón y medio. En cambio, sí se antoja motivo de preocupación la tendencia a la baja ya consolidada de menos turismo de pernoctación y especialmente foráneo. Atribuir esa merma progresiva al contexto de miedo ante posibles atentados yihadistas no parece una explicación que la justifique, y habría que perseverar en una mayor oferta cultural para seducir a ese turista con capacidad de gasto que busca más alicientes que la gastronomía y al que podría atraerse con un paquete de destinos próximos combinados. Por consiguiente, el apartado cultural tendría que someterse a una revisión en profundidad, pues debiera hacerse compatible la impronta eminentemente popular de los Sanfermines con una mayor calidad en la programación, muy en particular de los conciertos profesionales, sin menoscabo de las verbenas y los espacios asociativos. También los consumos en la calle tienen pendiente un análisis, para empezar el botellón, con una presencia masiva aunque haya ocasionado menos intoxicaciones etílicas, así como la venta ambulante precisa de una mayor regulación para no perjudicar al comercio tradicional. Asuntos que habrán de abordarse desde la preceptiva autocrítica.