¿Equidistancia…?, otra falacia

Por Josu Sorauren - Lunes, 11 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. (Apocalipsis 3:15-19).

Porque ellos -me refiero a los equidistantes- ni se manchan, ni se implican como los demás mortales. Sus discursos aparecen neutros. Inmunes ante opiniones comprometidas, ante actitudes sinceras y audaces. Ellos se expresan impávidos, imparciales, con inescrutable ambigüedad…

Unos ejercen de periodistas, otros de oráculos mediáticos. Y hasta gozan de pedestal cuando pontifican. Otros nos vienen de turiferarios de cierta aurea mediocritas… La de una clase media, no se si drogada o aturdida. Y tan inconfesos en sus ponderaciones como Don Tancredo.

Puedo aceptar que uno sea de derechas o de izquierdas, nacionalista o unionista, patriota vasco o español, socialista o capitalista y que así se manifieste. Sobre todo si asume la palestra democrática, accede noblemente a ella y se bate el cuero sin ambages.

Ahora, lo de equidistante…. ¿Qué es tal equidistancia? ¿Tibieza, pasotismo, falta de compromiso, dejar que los demás se partan el rostro en aras de un mundo más humano?

Los equidistantes que un servidor conoce, son elementos tan neutros como estériles. Por ellos aún estaríamos inventando la rueda. Son como el perro del hortelano.

Y son engañosos. Van de progres hasta que se les pone en el brete de definirse. Entonces salen por peteneras y sus opiniones se desvanecen en el complot de sus habituales tópicos.

En la cosa de la política, su equidistancia les hace votar -me consta- a lo establecido, ya se sabe, a lo de siempre. Nunca a lo renovador. En general, no suelen tener precisamente estos señores equidistantes la sangre de Marco Polo…

En el conflicto de las soberanías -vasco, catalán, español…- su equidistancia les convierte en ciudadanos del mundo. Eso sí, no tienen ningún empacho en sumergirse en el frenesí del “Yo soy español, español”, ante -por ejemplo- los hitos de la roja. ¡Ciudadanos del mundo…!

En este momento en que la cuestión catalana esta en puras ascuas -es el caso de ciertas figuras mediáticas- hablan de equidistancia.

Pues miren ustedes, señores equidistantes, cíñanse al espíritu de los derechos humanos y asuman sin subterfugios la pura esencia de la democracia. Tal vez así entiendan que hay situaciones en que la equidistancia es una pura felonía.

Felonía, injusticia, agresión a la democracia, es amontonar leyes, contenciosos, jueces y policías, para evitar que un pueblo se exprese. No existe mayor síntoma de ejercicio democrático que el poder preguntar libremente a un pueblo que se reconozca como tal sobre cualquier tema, político, económico, ético…

El error jamás podrá existir en democracia por consultar libremente a un pueblo. El pueblo es capaz de responder acertada, equivocadamente o de no responder.

En cualquier caso el mal estará en la respuesta, nunca en la pregunta, siempre que se atenga a los derechos humanos.

Así que muy señores míos, ustedes, los equidistantes, no nos vayan de ecuánimes, ni de oráculos, ni mucho menos de asesores de conciencias…