“Se oía mucho viento y árboles caer”

La navarra Ana Jiménez, de 25 años, sufrió el paso del huracán ‘Irma’ durante sus vacaciones en La Habana

Clara Ayabar Rivas - Martes, 12 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

pamplona- Ana Jiménez Guerra, una mutilvera de 25 años, viajó a Cuba para descansar en sus vacaciones de verano. Su viaje terminaba el sábado, sin embargo fue entonces cuando comenzó su odisea, y es que Irma tocó tierra la medianoche un día antes de que Ana cogiese el avión de vuelta a España.

Hasta el sábado, Ana se alojó en un apartamento en La Habana vieja, cerca del famoso Malecón de la capital cubana y, por tanto, del mar. Irma provocó olas de 11 metros de altura, que forzaron el desalojo de algunos de los hoteles del Malecón y numerosas operaciones de auxilio de los servicios de emergencia. Ana cuenta que a ellos también les aconsejaron abandonar su apartamento y buscar otro más alejado del mar por peligro de inundaciones y vientos. “Estuvimos todo el día encerrados en casa, el huracán llegó aquí sobre las 00.00 horas, que fue el punto más fuerte. Se oía mucho viento, árboles cayéndose y rompiéndose”, explica la joven de Mutilva desde Cuba.

Al día siguiente, las palmeras y los árboles cortaban algunas de las carreteras de la capital. “Había gente limpiando desde primera hora de la mañana, quitando las ramas”, dice Ana, que cuenta que fueron al aeropuerto sin saber si iban a volar el domingo. Cuando llegaron allí, donde muchos turistas buscaban una información que no encontraron puesto que este había cerrado a causa del huracán. “No sabían cómo gestionar la situación. Nos juntamos con un grupo de españoles con los que llamamos al consulado para que nos dieran información, pero nos dijeron que estaban los hoteles colapsados, que no nos podían realojar en ese momento, que estaban pensando qué hacer”, cuenta Ana.

La situación caótica que se vivía en ese momento les hizo volver a La Habana, esta vez a casa de un amigo suyo que trabaja allí. Como muchos de los turistas que se vieron sorprendidos por Irma, Ana y sus amigos se acercaron hasta uno de los hoteles que tenían todavía conexión a Internet para poder comunicarse con sus familias y amigos. “Cuando conseguimos wifi, pudimos ver que nos habían reubicado en un vuelo para el martes a la tarde. Está bien porque algunos españoles con los que hemos hablado nos cuentan que vuelan el domingo”, explica.

Sin agua y sin luz“Toda la ciudad está sin agua y sin luz, solo algunos hoteles grandes y restaurantes tienen corriente porque creo que tienen baterías propias”, cuenta Ana, que asegura que van “a los hoteles grandes a cargar el móvil, las baterías portátiles”.

Según la navarra, la zona más afectada por el huracán en La Habana ha sido la del Malecón. “Está bastante dañado, han volado todas las vallas de los jardines, hay rocas enormes por la carretera, piedras, arena, agua... hay partes encharcadas, sobre todo las que están más cercanas a La Habana vieja”. Una zona que está cortada por la Policía y los militares, que están limpiando las calles con picos, palas y excavadoras. “También la gente ha salido a la calle a limpiar, además había algunos que volvían a su casa por primera vez porque les habían evacuado y hasta hoy no les han dejado volver”, relata.

Ayer, la vecina de Mutilva paseó con sus amigos por La Habana centro, y asegura que la gente hacía vida normal, los turistas volvieron a las calles acompañados de nuevo de la música que caracteriza la ciudad. “La gente está ya haciendo vida normal. Los restaurantes están dando de comer a la gente, los taxis vuelven a ofertarse...”, cuenta Ana de una ciudad que vuelve a sacar puestos a la calle y a vender. Además, “los niños están aquí como si nada, aprovechan las zonas inundadas para jugar y pescar peces”, explica.

Los habitantes de la capital, que han vivido con mucha calma la llegada de Irma, deben hacer frente a una ciudad sin agua y que recupera poco a poco la luz. “A las noches la ciudad se apaga completamente porque se han caído postes de luz y el tendido eléctrico está dañado”, explica, “andamos con velas, baterías portátiles, las linternas del móvil y moviéndonos un poco en la oscuridad y como podemos”. Solo algunos grandes hoteles de La Habana tienen electricidad, y es allí donde la gente acude allí.

Ayer, Ana se acercó de nuevo al aeropuerto, pues a partir de las 12.00 horas las aerolíneas empezarían a dar información a los turistas. “Había mucha gente que había pasado noche allí porque no sabía cuando iba a volar. Nosotros por lo menos estamos más tranquilos sabiendo que volaremos mañana (por hoy), en teoría”, duda al hablar de su vuelo de vuelta.

zonas afectadasLa Habana ha vivido todo lo sucedido con bastante calma. Como cuenta Ana, “los días previos la gente estaba tranquila, no vimos a nadie alarmado ni preparando las casas, como mucho quitando grúas de edificios que están construyendo”. Una calma justificada, ya que los meteorólogos que han informado sobre la trayectoria que tomaba el huracán informaron de que Irma se estaba desviando, y el ojo del ciclón no iba a pasar cerca de la capital.

La información que llegó a La Habana sobre las zonas más afectadas de Cuba han sido Cayo Coco y Cayo Guillermo. “Nos han contado que ha arrasado hoteles, ha volado hasta un puente... deben estar destruidos. Varadero también nos han dicho que está bastante dañado. Estuvimos con unos alemanes que nos contaron que habían tenido que dormir en el baño porque la ventana de su habitación se rompió y se refugiaron allí porque estaba entrando agua. Eso no nos ha tocado vivirlo, por suerte”, cuenta.

“Si bien es verdad que el huracán no nos pilló mucho, es ahora cuando más caos hay porque hay mucho colapso y falta de información. Durante el día bien, lo peor a la noche”, asegura.

después del huracán

Cuba, entre escombros

Los evacuados se elevan a 1,7 millones. Cuba despertó ayer aliviada por la salida del huracán Irma de su territorio tras barrer durante dos días la costa norte de la isla y comienza a evaluar los serios daños causados por el ciclón, especialmente en áreas turísticas. El número de evacuados en el país caribeño se eleva ya a 1,7 millones de personas, muchas de las cuales aún permanecen en albergues y casas de familiares a la espera de que el nivel de las aguas disminuya para poder regresar a sus hogares, si es que siguen en pie o no hay riesgo de derrumbe. Las autoridades declararon la fase de recuperación para las provincias en estado de alarma.