Reflexiones

Entre lo humano y lo divino

Por Jesús Barcos - Lunes, 9 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

domingo soleado en Barcelona. Cojo el metro que me lleva a la manifestación por la unidad innegociable del Estado, y acudo a la parada de Alfons X, en el distrito de Horta-Guinardó. El convoy llega al andén con los vagones repletos de gente. Desde el pasaje, una mujer de unos 40 años grita un “viva España” al abrirse las puertas. En la estación siguiente repite el mismo grito, pero ya pegada a mi oído. Entre cánticos varios de los viajeros, acierto a escuchar que es de Asturias o de origen asturiano. Vamos como anchoas en lata, y a cada estación resulta más difícil por no decir imposible, tratar de subir a bordo. Llegados a Paseo de Gràcia me bajo junto a bastantes manifestantes, aunque muchos en cambio optan por seguir hasta la siguiente parada. A punto de salir al exterior, unos tipos a voz en grito se mofan del físico de Oriol Junqueras, y uno de ellos le llama mandril.

Ya en la calle, opto por quedarme apostado en el mismo Paseo de Gràcia, junto a la Gran Vía. Primera impresión general: para no haber nacionalismo español, lo disimulan bien. Segunda observación: la afluencia es más que considerable;un éxito de movilización. Durante mucho rato veo pasar a un inmenso río de manifestantes, aunque con amplísimos huecos vacíos entre sí. Escucho el “yo soy español, español”, y el “que viva España” de Manolo Escobar. La mayoría de la gente, de todos modos, camina en silencio o hablando con sus acompañantes. “Es España, Catalunya es España”, corea un grupo, y un tipo lo reafirma en plan testicular. No será el único que puede amanecer hoy con ronquera. Los manifestantes siguen pasando y anoto más lemas: “No nos callamos, aquí estamos”, “esto es el pueblo catalán”, “esta es la mayoría silenciosa”, o “Puigdemont a prisión”. El más transversal, seguramente, es el “luego diréis que somos cinco o seis”, y el ya un poco cursi, “España unida jamás será vencida”. Veo un “Dialoguem”, pero también un llamativo cartel sujetado por dos chicos: “Cuando Rajoy Puigdemont compartan celda ya tendrán tiempo de dialogar”.

De regreso para escribir este apunte, aprovecho para ver las noticias, y zapeo entre los canales de 24 horas de TV3 y TVE. “Sois unos golpistas, tenéis que entenderlo”, dice un manifestante a la reportera de la televisión pública catalana. También observo a Albert Rivera pidiendo elecciones a Rajoy, en ese estilo tan del presidente de Ciudadanos de perseverar en el oportunismo. Enredando en Twitter leo que el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, ha estado en un acto castrense. Merece un titular su “no vamos a parar hasta los que han faltado el respeto a las Fuerzas de Seguridad del Estado paguen judicialmente por ello”. Mientras, el oficiante pide “ayuda divina” para la unidad de España, y califica de “centinelas de la paz” a la Guardia Civil y la Policía Nacional. Seguro que le ha reconfortado saber que tras la manifestación en Barcelona, muchos participantes se han quedado frente a la comandancia de la Policía Nacional de Vía Laietana, en una especie de muestra de desagravio.

Dos notas más sobre lo visto y oído ayer. La primera, una pregunta un tal Roc Casagran, profesor, escritor y tuitero, que creo que resume el meollo de la cuestión y el problema de base. “¿Aceptáis el derecho de autodeterminación de Catalunya?”, pregunta en un tuit en catalán, casi a modo retórico. Respuestas aparte, me fijo en un buen artículo de Esther Vera, directora del diario Ara, sobre la estrategia soberanista las próximas 48 horas, que serán de nuevo históricas. Esta periodista reclama evitar una “coartada” y actuar “con inteligencia”. “Hace falta lucidez y valentía, no temeridad”, escribe. Y advierte sobre un riesgo que va tomando forma según pasan los días. “Peligra la escuela catalana, los medios de comunicación públicos y los Mossos”. Por ello, sentencia: “El gobierno de la Generalitat, ahora mismo, no está todavía en disposición de afrontar con garantías de éxito una independencia inmediata”.