Míriam Iscla actriz

“El teatro consiste en hacer que una actriz se convierta en algo que la gente pueda creer”

El Gayarre acogerá hoy la puesta en escena de ‘Mujer no reeducable’, la historia de Anna Politkóvskaya, una periodista que dio su vida por contar la verdad (20.00 horas)

Fernando F. Garayoa - Miércoles, 11 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

PAMPLONA-.- ¿Cómo se convierte una actriz en verdad?

-El teatro es eso, hacer que una actriz se convierta en algo que la gente pueda creer. En este caso, la dificultad era tener esa verdad en el escenario porque es un personaje que existió, al que no intento imitar en ningún momento pero sí entro en intentar comunicar la indignación desde la que hablaba ella. Esta exposición objetiva de las ideas, y su manera de vivir el conflicto checheno con Rusia, está impregnado de objetividad, indignación y de muchas cosas humanas como es el miedo, la obcecación por ser objetiva... Y todo eso no puede estar escondido dentro de una teatralidad digamos que falsa porque si no, no se produce la comunicación de la esencia de esta mujer. La batalla era ésta, y trabajando con Lluís Pasqual, que es un hombre de teatro con mayúsculas, fue la obsesión que él me pedía y yo quería conseguir. Y creo que se produce porque en el público se da este horror que comunica ella, por lo tanto, no hay pirueta teatral. No es que vayas a ver a una actriz haciendo algo espectacular, sino que la manera de contarlo es muy directa, periodística, y entonces, ahí no hay mentira, solo puedes exponer esa realidad. Incluso el texto es curioso, porque en ocasiones hablo en primera persona, como si fuera ella, pero en el mismo fragmento lo hago en tercera persona, pero no hay un tránsito. Lluís me decía que si quería que la gente viera la indignación en mí se tenía que confundir quién era Anna y quién era Míriam. De hecho, ni siquiera me pongo una base de maquillaje, solo unas gafas que recuerdan a ella y el pelo un poco cano. Es decir, no hay ni disfraz teatral. No se trata de poner máscara sobre máscara, en este caso solo soy un instrumento de la verdad de esta mujer. Es la dificultad de este montaje, la pirueta teatral es que no la hay. Se debe rascar en cada palabra y llenarla de lo que significa. Hasta la escenografía es soviética, no hay ni trampa ni sorpresa. Ha sido mucho el trabajo porque es agotador transitar constantemente en la verdad, pero tal como me dirigió Pasqual y tal y como está escrito el texto, lo que se dice es lo que es. Yo tengo constantemente imágenes del terror y el horror que se está contando pero, además, desde un sitio objetivo y periodístico, y eso duele a quien lo dice y a quien lo escucha.

Continuamente nos hablan de la importancia de la educación para la formación de la persona y la construcción de un criterio propio, el problema es cuando esa educación es interesada y dirigida para crear ejércitos de entes que piensen lo mismo y acaten sin rechistar. ¿Debemos aprender a desaprender lo que nos ha enseñado cierta educación?

-Esta mujer lo que hace es ser objetiva, en ningún momento habla de buenos o malos, no se posiciona más que en su obsesión por perseguir la verdad, y exponerla para hacer que la gente piense y sean ellos los que decidan si es justo o no. Creo que la prensa lo tiene muy difícil hoy en día, cuesta mucho ser objetivo. Exponer para que la gente piense es el interés que debe tener la prensa, no que me reafirme en lo que piense porque ya lo ha pensado otro, sino que realmente la reflexión la tengo que hacer yo. Y la prensa está dominada por la política y ahora, creo yo, por la economía;lo que hace difícil que las tendencias periodísticas tengan una esencia objetiva. Y la lucha de esta señora era por esa objetividad. Yo solo digo: “Están haciendo esto rusos y chechenos, este es el horror que está viviendo este país”. Y eso hace que la amenacen, pero la pregunta es por qué, ya que todo el mundo sabe el final.

“Mi oficio es buscar y escribir la verdad”, decía Anna Politkóvskaya. Si esa fuera la definición de periodista, da la sensación de que, viendo algunos debates televisivos o siguiendo a los principales medios de comunicación, en el Estado español nos quedaríamos casi huérfanos de profesionales.

-Yo creo que rascando, encontramos. La prensa lo tiene muy difícil para ser independiente en su criterio y objetividad, y nosotros también lo tenemos difícil para discernir;nos deberíamos comprar todos los periódicos todos los días y de ahí sacar nuestra propia visión.

Y en determinadas cuestiones, ni comprando todos los periódicos sería suficiente...

-Igual ni así, es cierto. Pero ella dice: “Yo me limito a contar los hechos, tal como son”. Parece la cosa más fácil pero es la más difícil, porque si tú cuentas lo que está pasando, a alguien le va a molestar. Pero es que ella también dice que no es ni una jueza ni una magistrada, no puede decir esto está bien o mal, o estoy a favor o en contra. Ella no hace eso, y además lo reivindica, y es lo que produce incomodidad en aquellos que no quieren que se cuenten las cosas.

Apuntaba Anna Politkóvskaya que estaba segura de que la solución al conflicto checheno-ruso es política, no militar, no porque sea más inteligente que los demás, sino porque ésta es la realidad. Salvando las distancias, puesto que aquí todavía no ha habido muertos, ¿nos podíamos aplicar el cuento?

-El cuento está, evidentemente, en que no se puede usar la fuerza. Pensamos que los políticos están ahí porque la política nos puede hacer volar un poco más, nos tiene que enseñar algo más que la ciudadanía no está viendo o pudiendo solucionar. Las masas se mueven muchas veces por emociones, y la política debería regirse por el beneficio de toda la ciudadanía, y no por las emociones de unos o de otros. Actualmente estamos en un conflicto que para nada debería ser militar o policial, debería ser político... Yo, cuando pienso en política, me imagino a un grupo de sabios que van a pensar mucho más que yo, no que van a pensar lo mismo que yo o se van a enrocar en lo mismo que yo... Ya sé que es muy naíf, pero es que debería ser eso, deberían aportarme esa parte sabia que no tengo, por que si no, para qué los he puesto, para qué están ahí, que me van a aportar si ya lo puedo decir yo o me lo puede decir el tendero de abajo mi casa, ¡si van a decirme lo mismo, que sea el tendero de mi casa el político! Me tendrían que dar esa llave que yo no tengo, por eso creo que deberían ser sabios, que deberían tener una visión mucho más global, inteligente y pacífica, y no basada en emociones, que a veces están cargadas de cosas que nos llevan a sitios no pacíficos.

Es curioso, aquí se aprobó una proposición no de ley para instar al Gobierno que exigiera a Rusia una investigación internacional e independiente para aclarar el crimen, y sin embargo tienen que ser los jueces de otros países los que le dicen a este Gobierno que investigue de una vez los crímenes franquistas... No sé cómo describir esto...

-Por eso digo que es tan complicado ser periodista independiente, es como si para ser objetivo no debieras haber vivido un hecho, cuando realmente el que lo vive debiera ser el expositor de la objetividad. Pero necesitamos que sea alguien de fuera, que no tenga nada que ganar o perder, el que lo cuente o el que reclame que se cuente.

Podemos decir que Putin, en cierta manera, ha triunfado, puesto que ya casi nadie se acuerda de Chechenia...

-Rusia se dedicó durante mucho tiempo a borrar fotos;con Anna se hizo lo mismo. Esta función termina preguntando a un político quién es Anna Politkóvskaya y su respuesta es que no sabe. Para ellos no ha existido, vamos a hacer que se borre y que no haya existido ese asesinato, que curiosamente tuvo lugar el mismo día del cumpleaños de Putin, qué curioso regalo. El caso es que hoy en día sigue el mismo presidente checheno, Ramzan Kadyrov, y también sigue Putin, la única que ya no está es ella. Por lo tanto, es un intento de borrarla de la foto, que es lo peor que te puede pasar, es un intento de hacer que eso no exista, ni Chechenia, ni Anna, ni una exposición de la verdad. Pero no solo Anna, porque en Novaya Gazeta, el periódico donde trabajaba, creo que tienen como cinco fotos en el hall de otros tantos periodistas que han desaparecido, por unos motivos o por otros, pero con el mismo rasero, el de esto no nos interesa;y cuando no interesa, se borra.

Y, ¿cómo afrontó, y afronta, un personaje tan duro, tan puro, a sabiendas que el final es trágico, que la batalla se pierde...? O, ¿hay que decir que si la seguimos recordando realmente habrá ganado la guerra?

-El hecho de recordarla y de hacer el viaje con ella, aun sabiendo el final, es lo que nos enriquece de este montaje. Yo no puedo empezar pensando que me van a matar. Empiezo contando como veo un acto en una plaza en el que se cuelga una cabeza de un gasoducto. Lo expongo y me propongo investigarlo para contar realmente que está pasando. De esta forma, yo hago un viaje, investigo, me amenazan, me doy cuenta de que la gente no puede hablar conmigo porque si habla, la matan... Y ese es el viaje que hace el público, ese es el aprendizaje, no el pensar que esto no sirve para nada porque, al final, la matan. La reflexión está en que debemos ser consecuentes con nuestro criterio, nuestra objetividad y nuestra decisión de contar las cosas, pero no solo a este nivel, sino incluso en el reciclaje, poniendo el plástico donde toca o pensando lo importante que es que no haya plástico en los mares. Hay un viaje de aprendizaje incluso en lo cotidiano. Creo que hay una reflexión en la que te preguntas si sirve para algo o para nada, y nos hace posicionarnos, no tanto saber si la matan o no. Sirvió porque yo lo estoy contando, de otra forma no lo contaría. Si soy consecuente pueden cambiar o no las cosas, no lo sé, pero tengo que serlo.

Ante tal cúmulo de brutalidades, de autoritarismos... ¿Cómo reacciona el público al derrumbarse esa cuarta pared? Porque lo imagino agachando la cabeza y metiéndola entre las piernas como si el teatro fuera un avión a punto de estrellarse.

-A la salida me pasan muchas cosas, con gente que se me acerca llorando y me pregunta qué puede hacer. En la sala se producen silencios sobrecogedores, hay incluso momentos en los que yo he llegado a oír “¡hostia!” mientras estaba actuando. Se crea una incomodidad, como un silencio después de lo oscuro en plan dónde me pongo yo esto. Hoy en día, te sientas, pones la tele y te puedes comer el plato de macarrones;en el teatro no te puedes esconder, ni siquiera como espectador, detrás de nada. Esa cuarta pared rota hace de amplificador de lo que se está contando hasta el punto de que el público queda tocado. De hecho, en Pamplona, tras la obra haremos una charla sobre lo que el público ha vivido, porque la gente quiere hablar y comentar lo que les ha pasado. Hay tanta información hoy en día que pararse una hora y diez delante de un hecho, en un lugar en el que no tienes un plato de macarrones tras el que esconderse, hace que la gente quede chocada.

Si a todo lo relatado ello le sumamos el hecho de ser mujer, es fácil imaginarse cómo el odio se le debía multiplicarse exponencialmente a esa oligarquía rusa especialmente machista.

-Además, era mujer. En un momento, solo oigo chistes obscenos y desagradables. Yo me imagino el desprecio hacia esa mujer mientras la tienen atada y tirada en el suelo de un avión. Es un plus de desprecio. Sí, generaba todavía más incomodidad pensar que una tía podía ser capaz de contar, o desmontar, lo que estaban haciendo los hombres. No sé quién dijo una vez: “No es que las mujeres lo podamos hacer mejor, pero peor igual ya no”.

¿Qué huella ha dejado, y está dejando, Ana Politkóvskaya en Míriam?

-Es una de las funciones importantes en mi carrera, pero no solo en lo profesional sino en lo personal. Es una revisión de mis compromisos, de mis creencias, mis necesidades de ser consecuente. Porque si alguna cosa fue esta mujer, es consecuente hasta el final, aunque le produjera el dolor más enorme. Ella se quedo en Moscú hasta que la mataron, sabiendo que la iban a matar. También es verdad que inició un camino sin retorno, porque todo aquel que hablaba con ella era asesinado, y eso hizo que ella no pudiera tirar hacia atrás, no podía fallar a aquellos que habían arriesgado su vida por contar;sería un acto de cobardía. Y eso me lleva a pensar hasta dónde puedo ser capaz con lo que hago o lo que siento. Todos los papeles te dan crecimiento, incluso las comedias más banales, pero en este caso, además, tiene un plus de ser una persona que existió, y fue consecuente. A mí me preguntaron si me dejaría matar, y yo creo que no, porque soy más cobarde.