A la contra

De cajón

Por Jorge Nagore - Miércoles, 11 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

En octubre de 1991 se inauguró el híper Eroski y un año más tarde se abrió Leclerc. Poco a poco se fueron construyendo alrededor de Pamplona decenas de centros comerciales de mediano y gran tamaño de todos los productos habidos y por haber. Para ello se fueron habilitando por parte de los distintos gobiernos autonómicos y municipales de UPN los viales, carreteras y parkings que fuesen necesarios, al mismo tiempo que internet y las ventas online iban entrando en las casas y casi a la par también que se atisbaba el final de los alquileres de renta antigua, lo que en muchos lugares fue elevando el precio de las bajeras -no lo critico, lo comento- hasta acabar con muchos comercios locales y dejando muchas de ellas en manos solo o de franquicias o de negocios tipo bancos o telefonías. A su vez, se dobló el número de coches y se redujo a la mitad la capacidad de los ciudadanos para ir andando a los sitios o en transporte público, necesitando coger el automóvil hasta para mear. Todo este conjunto, unido a una crisis de varios años, ha dado en lo que ha dado: el pequeño comercio se tambalea, sea en el barrio que sea. Las cifras pueden maquillar, pero este menda anda de barrio a barrio cada dos por tres y las persianas bajadas, bajeras en las que se acumula polvo de lustros, tiendas de chucherías multiplicadas por 5 con respecto a hace 10 años y carteles de se alquila, se traspasa y se vende son una plaga, con calles que en muy poco tiempo han visto irse a los comercios y a todo el movimiento y alegría que generan. Me alegro de que haya un plan para que el centro de la ciudad sea más visitable andando y se priorice el transporte público, pero me alegro aún más cuando leo que Asirón cambiará cosas si el comercio cae en picado, como los comerciantes de Casco Antiguo y ensanches están por ahora constatando. Esto se debería haber estudiado, no obstante, a fondo y antes.