A la contra

Genio y figura

Por Jorge Nagore - Domingo, 12 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

Sigo usando jarll, cobarde, pecador, fistro, ¿tedascuen?, ¿comor?, por la gloria de mi madre y ya menos cuidadín, quietor, no puedor, fistro duodenar, ese caballo que viene de Bonanzaaa, después de los dolores, muy chiquitopequeño, ¡al ataquerr!, meretérica, a guan a peich agromenaguer, hasta luego Lucas, la caidita de Roma y guarrerida española, entre otras muchas. Uso -usamos muchos- más expresiones suyas que imagino que de todas las personas que he conocido juntas, porque el tío era inventor, se inventaba risas de donde no las había, ocupó un espacio global durante al menos un año a lo largo y ancho de todo el país que no había visto antes y que pienso que no se ha vuelto a ver, algo solo comparable quizá a cuando años después y de modo colectivo supuso Operación Triunfo. La gente hablaba como él, andaba como él y a cada dos pasos ya había alguno imitando el pack completo, moviendo las manos como molinillos y colocando una en la cadera. Cuando recuerdo aquellas noches de hace más de 20 años contemplando a ese ser indescriptible junto a un atónito Pepe Carroll contando chistes sin ni puta gracia con toda la familia muerta de risa veo a mi madre agarrarse la tripa y atragantarse con la cena mientras el señor iba de un lado al otro del plató dando saltitos y gritos y a mi padre rojo quitándose las gafas para secarse las lágrimas diciendo ¿qué es esto? Son instantes que guardaré siempre, con un cariño inmenso y agradecido a quien los creó, Chiquito de la Calzada, fallecido ayer a los 85 años, un agradecimiento que comparten millones de personas y generaciones enteras. Su fama fue fulgurante, casi instantánea, masiva, duró un par de años o como mucho tres hasta irse apagando lentamente aunque nunca del todo y dejó para siempre sus expresiones, su imagen única e inimitable y el respeto a él como artista y como persona. Ya estás en la verde pradera, cobarde.