Y tiro porque me toca

La cueva de Ali-Baba

Por Miguel Sánchez-Ostiz - Domingo, 12 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

No hay día que el noticiero no nos deje boquiabiertos e invitándonos a rasgarnos el poco de vestiduras que nos queden, deporte nacional ya este, y engrudo de primera para la firme unión de la cuadrilla hecha camorra. La aprehensión en Colombia de 4.6 millones de euros en metálico al expresidente de la comunidad de Madrid, González, al día siguiente de salir de la cárcel, a bordo de un automóvil de marca Jaguar, tras pagar de manera fulgurante 400.000 euros de fianza, da la magnitud de lo saqueado (mansiones aparte). Esos dineros estaban a buen recaudo hasta que alguien decidió que no lo estuvieran. Ignoramos quién y cómo se mueven los hilos del verdadero gobierno entre bastidores. Los policías que declararon en sede parlamentaria acerca de la corrupción nacional como sistema y forma de vida -cuando Amalia Rodrigues cantaba Estranha forma de vida se refería a otra cosa-, también apuntaron a las presiones recibidas en el curso de su investigación por parte de representantes del partido en el poder. Suena a thriller no siempre basado en hechos reales ya muy visto, pero no se cae del cartel... en esas películas de denuncia en balde acaba pagando el pato el policía, raras veces el político felón.

No hace falta ser muy mal pensado para sostener que el monto de lo saqueado es mucho más de lo que aflora aquí y allá. Se han manejado cantidades increíbles de dinero mientras el país se empobrecía de manera seria en cifras que a nadie parecen interesar. No es la hora del insulto que nos viene a bote pronto, sino de exigir responsabilidades, aunque sea en balde. Alguien tiene que responder de esto. Pero no, el alboroto es ensordecedor.

El monto de lo distraído y arramblado como si fuera producto de un arrebuche o de un continuo pleno de ruleta no podía pasar inadvertido a quien tiene responsabilidades institucionales, algo que vengo repitiendo desde hace años. Aquí ha habido complicidad institucional (¿amordazada?) y gubernamental por acción u omisión. Estamos hablando de un baile de cifras que marea. Se ve que existe una casta social que se maneja por otras leyes que las del común. ¿Asociales? No, en otro mundo, con otras reglas. Saqueadores y saqueados. La cloacas del país, profundas, algo más que cloacas.

Desaparecen de las dependencias judiciales los tres informes clave que imputaban a Gallardón en el Caso Lezo, es el titular de una noticia. Sea o no un bulo, es algo que pasa. Insisto en que tenemos un conocimiento muy limitado de las trastiendas de esta siniestra astracanada y de sus verdaderos protagonistas.

Triste país este en el que el M. Rajoy de los papeles de Bárcenas solo sirve para hacer chistes o burlas, y no para que la acusación basada en indicios de grueso calibre conduzca a dimisiones y actuaciones judiciales sin miedo. M. Rajoy es otroMister Xal que la justicia no se atreve a ponerle el rostro que todos guardan a la espalda a modo de careta de desvergonzado de reparto para este inacabable esperpento. ¿De qué sirve denunciarlo? Por lo visto de nada. Son más la voces del encubrimiento que las de la apuntación fiscal. No hay nada que hacer, en la cueva de Ali-Baba, la impunidad es una forma de vida, quedó dicho, hoy y hace ya mucho.

Es difícil explicarse con acierto la pervivencia en el poder político de un partido que ha pagado sus campañas electorales de manera poco clara, unido a casos de corrupción que sobrecogen y hacen pensar en el gobierno efectivo de una mafia no del todo desvelada. Pero hay cosas que sí resultan explicables cuando la noticia del encarcelamiento de la expresidenta del Parlamento de Cataluña, Carme Forcadell, es recibida con aplausos por los participantes en esa mugre que es Gran Hermano. En la basura que estas semanas circula embanderada por las calles haciendo de las suyas, entre berridos y empujones, y la furia de las redes sociales, en manos de temibles actores de poca instrucción, está en buena parte la razón de que la cueva de Ali-Baba sea más una envidiable forma de vida, un ejemplo de éxito social, que un caso cerrado de audacia procesal.