Imágenes, relatos y estadísticas

Por Javier Otazu Ojer - Domingo, 12 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

¿cómo percibimos la realidad? ¿Qué ha ocurrido en Cataluña? ¿Cómo son los chinos? ¿Cómo funciona un país como la India?

Es muy complicado resumir aspectos de la realidad en pocas palabras. Ya solo en España existen ciertos prejuicios que sirven para describir comunidades enteras como los catalanes, vascos o andaluces. Si en un caso límite, no nos conocemos a nosotros mismos, ¿cómo vamos a conocer países o entidades que aglutinan a millones de seres humanos?

Vamos a suponer que nos piden describir a una persona muy cercana a nosotros en diez palabras (generosa, simpática, agradable, huraña…). Incluso en dicha descripción usamos prejuicios: no vemos de la misma forma a un hijo, un hermano que a un amigo o un conocido. Basta una idea previa para dar más importancia a los aspectos positivos o negativos. Más aún, posiblemente el estado de ánimo que tenemos un día determinado influye en la descripción que tenemos de otras personas. Nuestro cerebro, consciente de esta complejidad, graba unas características específicas de cada uno y luego está programado para reafirmarlas.

En el mundo de hoy, percibimos la realidad con tres factores principales: las imágenes, los relatos y las estadísticas. Y las ideas previas que tenemos de cada caso potencian todo lo que pueda reafirmarlas.

Pensemos en el caso catalán. Un simpatizante del procés se quedará con imágenes relacionadas con las cargas policiales o la celebración de la independencia. En su relato, interpretará que es injusto no permitir a las personas votar libremente y que en esos casos extremos tiene sentido saltarse la ley. En sus estadísticas mentales, verá a millones de personas manifestándose a favor de sus ideas y, sin embargo, pensará que los del otro lado son “gente de fuera” y además tampoco son tantos. Desde luego, no le parecerá grave la marcha de las empresas: solo son cambios jurídicos. Las fábricas no vuelan.

¿Qué es lo que ve quien está de acuerdo con la aplicación del 155? Su imagen será la de unos delincuentes que van a la cárcel por saltarse la ley y alentar la fractura social o la de un expresidente que se escapa del país. Su relato, nadie está por encima de la ley. En los casos en que dicha ley es injusta, existen mecanismos democráticos para adaptarse a los nuevos tiempos. Por último, en sus estadísticas verá que cada vez más personas salen a la calle a reivindicar la legalidad y que muchas empresas se están marchando de Cataluña con el quebranto económico que ello supone.

El reto es buscar formas de convivir sin que ello suponga la despersonalización del otro. El problema es que si la identidad de la nación a la que sentimos que pertenecemos está en lo más profundo de nuestros valores, en caso de conflicto se puede llegar a situaciones extremas. En este contexto, muchos grupos radicales dicen que “nosotros no somos violentos a no ser que nos obliguen a serlo”. Desde luego, no conozco una mejor definición de violencia.

Lógicamente, un gran número de periodistas extranjeros ha estado analizando el problema. Puede ser que hayan pasado unos días en Barcelona, puede ser que hayan estado atentos a las noticias, a las redes sociales o a los testimonios que les llegan desde Cataluña. Con todo este cóctel se supone que deben concluir con una opinión. Ahora bien, ¿cómo se filtra toda la información?

Estimado lector, bienvenido a la gran batalla del mundo de hoy. Imágenes, relatos (incluidos los razonamientos históricos), estadísticas. Cada parte se dedica a bombardear con las armas más adecuadas en este ámbito. Y como en todas las guerras, la primera víctima es la verdad. En este sentido, el procés es un buen ejemplo.

Entonces, ¿cómo debemos informarnos para tener una opinión más certera?

Para empezar, podemos hablar con personas que no piensen como nosotros y leer medios de información con los que no estamos de acuerdo. Es primordial dudar de todo: puede ser que nuestro interlocutor mienta, que le hayan engañado o que haya percibido de forma confundida un hecho. El contraste es prioritario. Además, como humanos que somos, tendemos a exagerar unas cosas y a infravalorar otras según interés. Muy importante: cuando pensemos en los actores implicados, debemos pensar en sus incentivos. ¿Qué ganan? ¿Qué pierden? ¿Están pensando en el bien común o en ellos mismos? ¿Desean enfocar un tema para desenfocar otros? ¿Pueden tener alguna ganancia a medio o largo plazo que les compense de todo lo perdido hoy? Por último, ¿cuáles son los posibles escenarios de futuro.

El autor es profesor de Economía de la UNED de Tudela