la carta del día

Ya no nos creemos nada

Por Natxo Barberena - Lunes, 13 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

quizás la aseveración sea una exageración o quizás no. En el ambiente hay un run-run en el cual se empieza a oír cada vez más la pregunta ¿qué está pasando o qué no está pasando para que tengamos la sensación de que ya no nos creemos nada o casi nada, que no es lo mismo pero da igual?

Vivimos en la maravillosa era de la comunicación total e inmediata, una época en la cual tenemos al alcance de un clic cualquier tipo de información, un periodo sin precedentes. Es tal la información que nos llega, que resulta abrumador el poder si quiera abrirla y por momentos resulta imposible el manejarla. Cualquier filósofo, pensador, investigador o persona inquieta de siglos pretéritos se emocionaría con tener la biblioteca más grande del mundo a su alcance;se volvería loco o loca de placer intelectual al poder consultar cualquier duda que se le ocurriese y que la respuesta a su pregunta fuese contestada de inmediato. Cualquier periodista, político, ciudadano inquieto también de siglos pasados, se relamería de gusto al tener toda la actualidad mundial actualizada hora a hora, minuto a minuto. No me digan que lo que tenemos a nuestro alcance no es increíble, pura ciencia-ficción cumplida.

Todas estas personas antes citadas del pasado no tan lejano tenían una información más escasa y distanciada en el tiempo, se actualizaba cuando se podía o cuando se era capaz de llegar al escenario de la acción o cuando otro colega publicaba sobre el tema que dominaba. Esta lentitud que ahora nos parecería desquiciante, a esas personas les obligaba a exigir y exigirse veracidad y calidad en la información. El contraste era mínimo, ya que las fuentes de información eran pocas y las opiniones formadas escasas.

Hoy en día, sin embargo, hay tal cantidad de información que para la ciudadanía no experta en lo que se recibe, se vuelve inmanejable. Es imposible contrastar las fuentes, todo se reviste de una fiabilidad y veracidad que resulta apabullante. De un mismo suceso surgen multitud de informaciones contadas con tal realismo y transmitidas con tal efecto de autenticidad que acabas creyendo la versión que más énfasis pone en contártela. A todo esto se suma tal nivel de manipulación debido sobre todo a intereses económicos y políticos que cuando te habías tragado una versión, te la desmienten por otro lado y a su vez les vuelven a desmentir. Así se entra en círculos viciados de discusiones televisadas que, lejos de aclarar nada, lo único que consiguen es la confusión de la gente. El objetivo es que todas las noticias se conviertan en parte de un espectáculo continuo, donde hay que llenar horas y horas de programación diaria.

Poco a poco vas desechando políticos, tertulianos y medios de comunicación que compruebas que en tal noticia han manipulado y te has sentido engañado. El problema es que ya llevamos bastante tiempo con engaños y manipulaciones que van saliendo a la luz y se van acabando los referentes fiables para informarse. Internet era una solución y las redes sociales funcionaban como medios de contrarrestar las falsas noticias y acusaciones. Pero el poder es listo y se ha ido introduciendo en todos los medios, pagando publicidad ellos mismos se van autocensurando y en las propias redes sociales se lanzan opiniones ocultas en el anonimato que hacen que cualquier debate se turbe y se pierda el hilo del razonamiento.

Y así, poco a poco, manipulación tras manipulación, desmentido tras desmentido, se ha ido creando en la ciudadanía una terrible sensación de incredulidad. Ya no nos creemos nada, la sombra de la duda está sobre todos los medios de información y sobre todas las personas, sean públicas o simplemente den su opinión. Estamos llegando a tal nivel de desasosiego en cuanto a la falta de credibilidad de lo que se nos cuenta, que la propia gente está empezando a desconectar. Da igual lo que se diga, da igual lo que pase, da igual lo que se nos venda;a todas las personas les medimos con el mismo rasero. ¿Quiénes son los beneficiados de esta metástasis de incredibilidad general? Solo queda la de Leonard Cohen: “a veces uno sabe de qué lado estar, simplemente viendo quienes están del otro lado”.