La rendija

¿Pamplona se vende?

Por Ana Ibarra Lazkoz - Lunes, 13 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

Inolvidable aquel tema de Leonard Cohen contra el sistema alienante de los ochenta, la tiranía de la moda, la droga y el monopolio de las grandes empresas: “Primero tomamos Manhattan y luego Berlín” (1988). ¿La recuerdan con esa voz grave y misteriosa? Alegato a la venganza o a la necesidad de acabar con el estatus quodominante de alguien que, rechazando el terrorismo, admiraba a quien anteponía todo a sus ideas. Con el título de la mítica canción First we take Manhattan su autor Daniel Sorando vino a Pamplona para hablar de la sutil entrada de grandes fondos de inversión inmobiliarios en los procesos de renovación urbana. En los años sesenta algunos barrios de Manhattan se habían transformado en barrios desolados y, 50 años después, los pisos construidos en esta zona son los más caros de la gran ciudad. A partir de ahí describe la transformación de los grandes centros urbanos con tiendas alternativas o franquicias en locales antes ocupados por comercios tradicionales y el desplazamiento de población con menor poder adquisitivo por artistas y ejecutivos ante el incremento del precio del alquiler. ¿Regeneración urbana o gentrificación?, se pregunta el sociólogo que analiza los cambios producidos en Malasaña, Belleville, El Raval, el Bronx o Lavapié. El mismo autor asegura que Pamplona es pasto de gentrificación por el atractivo turístico de los Sanfermines. Convivir en lo Viejo de Iruña viene alertando de la salida de población inmigrante del centro, del monocultivo de bares en algunas calles y de la ocupación de edificios enteros con capital extranjero como el hostel de Unzu. No es fácil controlar este mercado, que venga un gigante como Inditex y te compre un edificio entero como la Vasco Navarra. O el de Unzu, en manos de una firma americana después de que el Ayuntamiento de Pamplona no fuera capaz de reivindicarlo para usos sociales o culturales. Nadie cree que el casco viejo sea un espacio saturado, que la apertura de nuevos bares o el incremento del turismo esté haciendo daño a la población autóctona ni que hay entradas masivas de capital que mercantilicen lo Viejo. De hecho Pamplona Centro Histórico desarrolla un trabajo colosal en las zonas más degradadas. Lo que sí es una realidad es que el incremento del precio del alquiler y el auge de pisos turísticos (muchos ilegales) puede ser un motivo de alerta en ese proceso de expulsión. En Berlín el precio del alquiler está limitado por ley. Además de vivienda social y de movilizar los pisos vacíos son necesarias más medidas. O la solución para la crisis que era el alquiler no lo será.