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Viscarret, el pintor que no se jubila

A los 87 años, Javier Viscarret sigue pintando Y HA EXPUESTO POR PRIMERA VEZ EN SU PUEBLO, Burlada, una muestra de su dilatado trabajo con el retrato y el paisaje

“Respeto la abstracción pero me quedo con el campo figurativo;siempre será el arte puro”

P. Gorría / Oskar Montero - Lunes, 13 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

burlada- Javier Viscarret desprende energía por sus ojos y habla con pasión de su larga vida dedicada a la pintura, una pasión que los años “no han mermado un ápice”. Confiesa que continúa pintando todos los días porque aún siente “verdadera necesidad de expresar lo que llevo dentro”. Está contento porque estos últimos meses ha estado más cerca que nunca de su pueblo, Burlada. En mayo expuso en la Casa de Cultura y recientemente participó en un trabajo sobre patrimonio inmaterial junto a otros quince veteranos burladeses. El alcalde le entregó un obsequio y él ha querido donar un cuadro a su pueblo en un acto que se celebrará próximamente. “Creo que aquí me conocen relativamente poco y como ya tengo muchos años me sentía en deuda con el pueblo de Burlada”, reflexiona.

Viscarret no es amigo de concursos, pero ha ganado algunos de los mejores, como el Paulino Caballero en Pamplona o el premio nacional de pintura de Banesto en Madrid allá por 1960. Su fama como retratista le llevó a trabajar por toda España y por el extranjero, en Estados Unidos o en Puerto Rico, a donde se desplazaba para cumplir encargos. Está considerado también un gran paisajista y pintor de bodegones, siempre moviéndose en la figuración. “Respeto la abstracción, pero me quedo con el campo figurativo, que es inmenso y que siempre será el arte puro”, explica, y reivindica que se vuelva a valorar la figuración: “No digo que en la abstracción no haya talento, pero me aburre”.

Nació junto a la actual calle Mayor de Burlada, “en una casita con jardín y huerto”, recuerda, muy cerca de la casa-estudio donde vive y pinta. Su padre tenía un negocio de pieles y lanas. Estudió en la escuela de Burlada y más tarde en Maristas. Se preparó para trabajar en banca y fue empleado del Banco Español de Crédito durante 14 años, pero aquello no era su vocación y lo que realmente le atraía era la pintura. Se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona con el maestro Gerardo Sacristán, pero pronto decidió saltar a Madrid porque “aquí no veía proyección, no había mercado;es muy difícil, incluso ahora”. En la capital era “un provinciano” que veía mucha pintura. Pasó por el Círculo de Bellas Artes y empezó a pintar retratos. “Me ayudó mucho un navarro casado con una norteamericana a la que retraté, y a través de él pude conocer a mucha gente, incluso a Ava Gadner”. De Pamplona recuerda las exposiciones en la desaparecida sala de cultura de García Castañón y el apoyo que le prestó el alcalde Urmeneta. De Madrid, el premio nacional y los consejos que le dio Vázquez Díaz. En un momento dado decidió dejar su trabajo en el banco y dedicarse profesionalmente a la pintura. “En buena hora lo hice...”, recuerda satisfecho.

La mayor parte de su vida profesional la ha dedicado al retrato. En su casa guarda cientos de fotografías de los cuadros de rostros y cuerpos que tiene repartidos por Europa y América. “He pintado retratos hasta hace poco, hasta la crisis;antes la gente que tenía posibles quería tener un retrato, ahora el que tiene mucho dinero parece que lo esconde”, afirma. Así que a falta de retratos, Viscarret pasó al paisaje y al bodegón. A pesar de su edad, sigue saliendo al campo: “Pinto el paisaje al natural, no me vale la fotografía;puede servirte un poco de apoyo pero trato de dar la primera y la última pincelada en el sitio porque la propia naturaleza es la que me dicta y la luz es clave para un paisajista”, explica. También le gusta el bodegón: “Si se me permite hacer una recomendación, yo aconsejaría pintar primero bodegón porque te harás con una riquísima paleta;luego saltas al paisaje y te hablará la naturaleza. Para mí, ese es el camino”.

Dice que nunca se jubilará de la pintura y aún vende cuadros a quien quiera comprarle. Rechaza que se considere el retrato como un trabajo comercial. “Un buen retrato es algo más que pintar unos ojos o una boca bonita, se trata de sacar lo más íntimo del ser que estás pintando. Mis mejores retratos los he pintado cuando detectas el alma de esa persona y la captas;hace falta talento”, expresa, y cita a Picasso: “Un retrato debe ser una obra de arte y de paso parecerse al modelo”. Ese es su resumen de la pintura: “El que es artista transmite emoción y el que tiene sensibilidad, la capta”.