Dejadnos en paz

Paloma Lorenzo Usabiaga Periodista - Martes, 14 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

Hoy te escribo a ti, sí, a ti.

A ti, que te crees con derecho a entrar en un bar y tocarme el culo, simplemente porque llevo un vestido ajustado o unos pantalones que te gustan.

A ti, que cuando me cuelgas el teléfono, y no me conoces de nada, te crees con derecho a llamarme preciosa, bonita o pimpollo. Y si me molesto me dices, “mujer, que es un piropo, no sé por qué te sienta tan mal”.

A ti, que por hablar contigo, aunque no te conozca de nada, haciendo cola para entrar en el baño te sientes con el derecho de chuparme la cara y meterme la lengua hasta la campanilla.

A ti, que por ser el dueño o el camarero de un bar, te crees con derecho a hacerme una caricia y ya de paso darme un beso en la boca, de golpe, sin aviso.

A ti, que te parece gracioso, por el hecho de ser 6 de julio y estar de fiesta, darme un beso agarrándome la cara y sin poder soltarme. Porque claro, es el chupinazo y, se conoce que es lo que hay que hacer cuando entras en un bar con tu cuadrilla de amigos. Sí, esos que te jalean. Y que, cuando las amigas de la chica a la que acabas de violentar se encaran contigo, tú te ríes, porque “¡ay, qué monas!, cómo se protegen entre ellas”.

A ti, que me asustas o me sigues por la calle por la noche cuando vuelvo sola a casa y te parece gracioso chistarme. ¿Sabes que realmente llevo escondida la mano en el bolsillo porque voy agarrando las llaves por si tengo que defenderme si te acercas demasiado? Me asustas, me intimidas.

A ti, que me haces volver a casa sola llorando, porque me has violentado y te ha parecido gracioso. “Mujer, un besito de nada, no sé de qué te quejas”.

A ti, que haces que mi madre, mi padre, mi hermana, mi marido o mis amigos me digan, cuando voy a volver sola a casa por la noche: “Avisa cuando llegues, quiero saber que estás bien”.

“Estrecha”.

“Sosa”.

“Rancia”.

“Mal follada”.

“Con vosotras, las del norte, no se puede ni hablar, cómo os ponéis”.

“¿Qué te pasa, eres monja?”.

“Realmente no eres tan guapa, no sé aún por qué me he acercado a hablar contigo”.

“Aburrida”.

“¡Encima de que te echo un piropo!”.

A ti, que ayer me hiciste volver a casa llorando. Que pusiste una excusa de mierda para hacer lo que hiciste. Que no sé ni quién eres, solo cómo eres físicamente, y con eso no puedo poner una denuncia en firme. Porque si la pongo no sé si servirá para algo. A ti y a todos. A todos los que nos molestáis, nos tocáis sin permiso, nos besáis como cerdos, nos gritáis por la calle, nos seguís a casa, nos chistáis, y mil cosas más, dejadnos en paz.