Emisión imposible

Del salón al cuarto de las redes

Por Javier Arizaleta - Domingo, 26 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

La televisión tradicional está temblando. Cada año cuenta con menos espectadores y los que todavía la vemos somos algo mayores. Pasa también con otros medios como la prensa y la radio. Todavía no se tiene claro el futuro de los medios y hacia dónde evolucionarán. Pero si algo tienen los medios tradicionales sobre los más modernos es la credibilidad. Algo que puede convertirse con el tiempo en oro molido a la hora de ofrecerse al público. Lectores y espectadores van a apreciar también que lo que leen, lo que escuchan y lo que ven sea cierto, algo que no están consiguiendo los medios que viven al albur de internet. Esta semana, la asociación de televisiones privadas se quejaba de que la actual legislación no les protege de la invasiva presencia de las nuevas plataformas de pago. Se quejan que Netflix, HBO o Amazon, por poner tres ejemplos, no tienen ni las responsabilidades fiscales que ellas afrontan y tampoco contribuyen a esa labor filantrópica que es mantener TVE y contribuir a mantener una cuota con la que se siga haciendo ficción en Europa. Que no tienen obligaciones y sí todos los derechos de comerse el mercado. No les falta razón pero en su defensa tampoco estaría mal que hicieran también un poco de autocrítica. La televisión en abierto que se ha venido haciendo ya no engancha a los más jóvenes y parece más una cuestión de la tercera edad o de gente desquehacerada. Un ejemplo de despilfarro del tiempo televisivo lo vemos a diario con Hora Punta de Javier Cárdenas. Un mal entretenimiento que hace que los contenidos interesantes comiencen cuando lo normal es que uno se retire a leer un rato o directamente a dormir. Hay como una idea de dejar para tarde los estrenos de las series y estas cada vez les siguen menos gente. Es decir: un número importante de espectadores se han ido del salón hacia el cuarto de las redes y plataformas. Y estas todavía nadie tiene claro cuánto tienen que pagar y viven hoy sin ataduras. Y esta historia parece que va para largo.