En fin

Ferias con encanto

por javier arizaleta - Sábado, 2 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

Las ferias de Estella-Lizarra mercan la entrada del invierno y, de alguna forma, son como el día de Acción de Gracias de la comarca. Y esto lo viene siendo desde antiguo. En multitud de ocasiones he escuchado que la visita obligada a Estella era el momento en el que la gente aprovechaba para comprar los surtidos de turrón, algún detalle de cara a la Navidad o incluso para hacerse con los escasos manjares que había en las frugales comidas de celebración. Desde luego ni la Navidad tenía entonces esa connotación de lluvia de regalos ni tampoco los productos alimenticios alcanzaban las gamas de pescados, mariscos y carnes de todo tipo que hoy surten las mesas de muchos hogares. Claro que en este sentido las ferias se convierten en guardianas de aquellas tradiciones en las que se comerciaba con los productos de la huerta de la temporada y también con los diferentes ganados del corral. Esas sociedad rural con perspectivas de subsistencia y economía cercana al trueque, llegó intacta hasta el siglo XX y por eso todavía hay gente que la recuerda: la vivió en toda la intensidad que uno puede vivir la infancia o la juventud. Llegan las ferias de la Vieja Lizarra en las que se puede renovar el espíritu acogedor de una ciudad en la que sus vecinos y visitantes mantienen viva esa tradición comercial y esa voluntad de seguir pisando sus calles y plazas. Este año el frío, y puede que algo de nieve, nos hagan más difícil la visita. Pero seguramente la experiencia podría ser mucho más intensa e inolvidable. Porque las ferias todavía conservan el eco de su histórica celebración ancestral y uno si se acerca puede escucharlo y por que volver hoy a Estella también es comprobar que, en fin, todavía mantiene todo su encanto.