vecinos

Nunca es tarde para aprender

Laureano Calvo expone algunas de sus pinturas en la Taberna Arga de la Rochapea. Tiene 90 años y es pintor, escritor y toca el piano. Lo aprendió todo tras jubilarse

P. Gorría | Unai Beroiz - Sábado, 2 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

PAMPLONA- Laureano Calvo se jubiló pronto, con 60 años, a causa de una operación de hernia discal y eso le dio la oportunidad de aprender todo lo que hasta entonces no había podido. “El día que me jubile no pienso ir a los clubes de jubilados”, advertía a su entorno, y así lo hizo. Se fue a la Casa de la Juventud y se apuntó al grupo de literatura y a los cursos de pintura y de música. Hoy tiene siete libros publicados, más de cien cuadros pintados y exhibidos en varias exposiciones y toca el piano.

Una pequeña selección de sus retratos cuelga estos días en la Taberna Arga de la calle Joaquín Beúnza, en la Rochapea, muy cerca de su casa, donde vive solo aunque acuden con frecuencia sus dos hijos y sus dos nietos. Allí relata su vida, dura como la de tantos navarros del siglo XX que vivieron la guerra y la posguerra.

Nació en Mañeru en 1929, se comulgó en la República y la guerra le pilló en la escuela, donde “se aprendía poco”, recuerda. Trabajó en el campo hasta que salió del pueblo porque siempre le ha gustado viajar. Trabajó un par de años como conductor de trolebuses en Bilbao, otro año en el transporte urbano de Barcelona, también en Zarautz haciendo el censo por los caseríos, e incluso en Venezuela. “Trabajé de chófer para una familia aunque allí había que hacer de todo, de camarero, de jardinero... No me gustaba aquello y tampoco se cobraba mucho, así que me volví. Donde mejor estuve fue en Barcelona;además de conductor trabajé en una imprenta y ganaba muy bien”, recuerda.

En 1964 se afincó con su familia en Pamplona;trabajó conduciendo un camión y también como pintor. Luego llegaría la enfermedad, la jubilación y sus enormes deseos de aprender todo lo que no pudo en los pocos años de escuela. “Me apunté a todo;me pasaba casi todo el día en la Casa de la Juventud con la pintura o con el piano. También me dejaron un pequeño cuarto con un ordenador para escribir”, recuerda.

Se define como pintor “autodidacta completo” y quizás “un poco rebelde”, que pintaba “al revés que todos;cuando nos ponían un bodegón, yo pintaba otra cosa”. Empezó con los paisajes, sobre todo de su pueblo, y vendió algunos cuadros, pero otros muchos los tiene en casa. Mas tarde siguió copiando retratos de otros cuadros o de revistas. Expuso por primera vez en Mañeru “cuando inauguraron la casa del Ayuntamiento” y después en otros lugares, como en la residencia Amma Argaray en 2008, cerca de cien cuadros que inauguró la entonces alcaldesa Yolanda Barcina. En la Taberna Arga pueden verse ahora algunos de sus personajes, desde Sarasate hasta Beethoven. Incluso se animó a copiar La Gioconda, “que es muy difícil”. Ahora ya no pinta. “Me fallan el pulso y la vista”, lamenta.

poesía y novela También tiene dificultades para escribir, “por la vista”, insiste. Empezó con la poesía y tras colaborar en varios libros, en 2003 publicó el poemario Crepúsculos. Después la novela Con el recuerdo y el olvido (2004), un relato real de la Guerra Civil;la novela Nómadas en 2006, En la encrucijadaen 2008 y el poemario Dibujando sueñosen 2009. En 2010 vuelve a la Guerra Civil con El perdedory su última obra, El paso del tiempo, es de 2012.

También tiene escrita una novela de ciencia ficción, Buscando un planeta. “No creo que la publique, aunque algunos que la han leído me dicen que les ha gustado, pero no tengo nombre para vender libros y además ya me cuesta mucho todo”, reflexiona. Miembro del Ateneo Navarro, de Río Arga, de Bilaketa, voluntario de Cruz Roja, medalla de plata del voluntariado y exdirector de la revista Ahora-Orain. “Me ha gustado ser activo;no podía estar quieto”, resume este hombre que ha demostrado que la edad no es obstáculo para desarrollar el talento y la creatividad.