Rodrigo Hernando Entrenador de la Peña Sport

“Los mayores causantes de la remontada son los jugadores. Son ellos los que han vuelto a creer en que era posible”

Desde la llegada de Rodrigo Hernando a una Peña Sport hundida, el equipo ha ganado once puntos en seis jornadas y se ha colocado a cuatro puntos de la salvación

Iñaki Sevillano | Unai Beroiz - Miércoles, 6 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

PAMPLONA- Pocos apostarían por un equipo con cero puntos en 11 jornadas. Los jugadores de la Peña Sport estaban hundidos. Sin confianza en su juego, urgían de alguien que creyera en su capacidad de competir. Y Rodrigo Hernando (35 años, Azagra) lo hizo. Rescató a un vestuario enterrado antes de tiempo y conquistó 11 puntos en 6 jornadas. A la Peña le separan 4 puntos de la salvación, ¿quién se atreve a dudar ahora?

¿Ha resucitado la Peña Sport o nunca llegó a estar muerta?

-Te querría decir que nunca ha llegado a estar muerta porque, a pesar de que teníamos cero puntos, quedaba muchísima liga, tanta que darnos por muertos era un error.

11 puntos en 6 jornadas, ¿imaginaba esta reacción cuando llegó?

-No sé si imaginarla, pero soñarla seguro que sí. No era un panorama muy positivo, pero yo creía en el equipo porque los había visto, conocía un poco a la plantilla, y pensaba que podían sacar la situación adelante. Hemos dado un pasito, pero todavía nos quedan muchos más si queremos salir del todo.

¿Fue clave recomponer al equipo anímicamente?

-Sí, sin duda. Eso lo vi bastante claro desde el principio. Habían perdido la confianza, su autoestima estaba bastante baja, y esa fue la primera piedra angular del trabajo. A partir de ahí podríamos construir lo siguiente, trabajar más técnica y tácticamente.

¿La base es que el entrenador transmita seguridad? ¿Que sea el primero en creer?

-Les dije que había aceptado un reto con mayúsculas, pero que lo hacía porque creía en ellos. Yo les había visto jugar, tenía referencias de alguno de ellos, y era un equipo que podía competir perfectamente en Segunda B. Tenían que recuperar esa confianza, la creencia de que ellos están en la categoría porque se lo han ganado, no porque nadie se lo ha regalado.

¿Prima la fortaleza mental incluso por encima de la calidad individual?

-Bueno no sé si llegar a tanto, la calidad individual de algunos jugadores es totalmente determinante y hay equipos que los tienen. Con esa clase sobresalen por encima del resto decidiendo los partidos, pero quitando a esos futbolistas, hay un bloque muy grande, un porcentaje altísimo de equipos, a quienes esa fortaleza anímica les va a hacer competir cada semana y sacar resultados.

Visto desde fuera, es difícil no considerarle el principal causante de la remontada.

-Eso sería muy egoísta por mi parte. Es indudable que sí que puedes tener tu influencia, pero al fin y al cabo, los jugadores son los mismos. Antes de mi llegada también hubo un factor de mala suerte. Se perdieron partidos en jugadas aisladas y esta vez sí que estamos teniendo esa pizca de fortuna. Mira que a mí no me gusta hablar de la suerte, pero al final es un factor que está ahí e influye de manera decisiva. ¿Habré tenido que ver? Seguro, pero los mayores causantes son los jugadores. Son ellos los que han vuelto a creer en que era posible.

¿No cree que la suerte se busca?

-Sí, estoy totalmente de acuerdo. Hay que incidir en ciertas cosas en tu trabajo para que esa pizca de suerte se tenga o no se tenga, pero a veces tiras al palo y la pelota se pasea por la línea y entra, mientras que hay otros días en los que se sale. Hay una parte que no depende de cada uno y que, por suerte o por desgracia, también cuenta y te quita o te da puntos.

¿Qué papel está jugando en la recuperación del equipo el analista que incorporó a su cuerpo técnico?

-El papel de Dani es fundamental. Desde que hemos llegado, y sabiendo que estamos en un club con limitaciones económicas, hemos intentado hacerlo lo más profesional posible. Es un factor muy importante. No sé lo que se hacía antes, pero nosotros subrayamos las cosas que hemos hecho bien y las cosas que no. Y lo mismo con los rivales: estudiamos cómo juegan para defendernos lo mejor posible y atacar sus puntos más débiles. Eso es básico y sí que ha podido significar un filón importante que haya supuesto un cambio.

¿Prepara ahora la Peña Sport mejor los partidos?

-Cada maestrillo tiene su librillo y nosotros, independientemente de lo que se hiciera antes, lo trabajamos. A lo mejor estás transmitiendo lo mismo pero de diferente manera. Tratamos de apoyarnos en el vídeo, tratamos de ayudarnos con los informes que hacemos al estudiar a los rivales, y está influyendo bastante positivamente en la plantilla.

Llega al equipo con 10 jornadas de retraso, ¿y si hubiera estado desde pretemporada?

-Eso es jugar a ser adivino. Me hubiera encantado haber podido entrenar desde pretemporada, eso está clarísimo, pero tampoco me gusta especular. No sé lo que hubiera podido pasar. Al final ellos perdieron partidos en los que esa pizca de suerte les influyó en contra y, a lo peor, igual me hubiera tocado a mí. Me parece un poco ventajista decirlo, no sabes lo que podría ocurrir cuando tú no has estado.

¿Le da crédito esta reacción para el resto de la temporada aunque vaya a haber baches?

-Los entrenadores duran lo que duran las rachas positivas. Hay que tenerlo muy presente cuando decides dedicarte profesionalmente a ser entrenador. Ahora la gente habla de la Peña Sport y es verdad que están viniendo los buenos resultados, pero el fútbol es muy cruel en ese aspecto y puedes pasar de héroe a villano en muy poco tiempo. Como entrenador, no puedes dejar que eso te afecte.

¿Puede asegurar que el equipo no va a volver a los errores del pasado?

-Lo único que un entrenador puede asegurar es que vamos a trabajar para que los fallos no se vuelvan a repetir. En un partido pueden pasar muchas cosas y a una temporada la marcan muchísimas dinámicas. Me gustaría decir que no se van a repetir los errores del pasado, pero eso sería demasiado atrevido. Me considero una persona bastante valiente con determinadas decisiones, pero no me quiero pillar los dedos, porque eso muchas veces se escapa del alcance de un entrenador.