Disuelve y coagula

Luis Beguiristain - Miércoles, 6 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

Este encabezamiento es una de las fases que se repiten incansablemente en los procesos de los libros de alquimia. Dicen que para madurar en el alma hacen falta dos cosas: por una parte, sensibilizarse en todos los órdenes, físico, emocional y mental, pero por otra parte, uno ha de superar la implicación emocional. ¿De qué sirve estar todos tristes? Es mejor tratar de llevarlo en positivo, por muy dura que sea la realidad. Sin embargo, en un proceso iniciático auténtico, primero se ha de disolver todo: lo emocional, lo mental y hasta en el cuerpo físico. Concretamente en la médula espinal, el sistema nervioso y todo lo que ello puede implicar en la salud física general.

Una vez le dije a un psicólogo que yo había llorado tres años seguidos, desde el 89 hasta el 92, durante media hora seguida cada día. Y me dijo que eso era normal, que es un tipo de depresión. Dejé de ir a verle. ¿Qué me podía enseñar o ayudar él a mí, si no me había entendido nada?

La disolución en el plano de la mente es algo que roza la propia locura. Si Jung es el mejor psiquiatra y psicólogo que conocemos hasta ahora, es porque él mismo hizo de conejillo de indias. Vivió en su propia persona todo lo que se puede vivir en un proceso psíquico. Después de disolver hay que coagular. Uno tiene que ser capaz de observar y vivenciar las partes por separado y volver a unirlas de forma armonizada. La naturaleza hace su propio proceso. De forma paralela vivimos una iniciación a nivel de toda la humanidad. El dolor emocional colectivo está ahí, para todas las personas que no lleven un escudo de piedra en el corazón.

En el plano político, hasta Podemos se está haciendo trocitos y trocitos. Cataluña y Corea del Norte son otros dos ejemplos representativos. A toda esta fuerza de disolución tan tremenda le corresponde una reacción en el sentido opuesto: coagular, la progresiva unificación de todo lo disuelto. Con su correspondiente grado de aprendizaje. Es imposible parar la fuerza de la naturaleza y sus ciclos. Toda la nube de vibración negativa, generada por la humanidad de este planeta, choca de frente con toda la nube vibratoria positiva acumulada por aquello que puso en marcha estas galaxias.