la carta del día

La calle es nuestra

Por Susana Aragón Fernández - Miércoles, 6 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

el sábado estuve en el cumpleaños de mi amigo Pau. Habían venido muchos de su familia para celebrarlo y yo llegué en el momento de la tarta, un poco antes de que él soplara las velas. Cantamos el cumpleaños feliz en español y en catalán. Su abuela Mireia viene por aquí de vez en cuando y me recuerda a mi osito de peluche porque es blandita, sonriente y en cuanto la ves quieres abrazarla. Creo que además es muy buena, porque, aunque esté jubilada, es voluntaria en un sitio donde ayuda a familias. Una vez llegó con unos cuantos libros para regalar a Pau y a su hermana (ella les llama el Paul y la Nuria) y, como estaba yo con ellos jugando, me regaló uno muy bonito, con muchas piezas: La casa de La Maisy. Era tridimensional. Me gustó mucho ese detalle y la quise aún más, aunque a ella no le hace falta hacer nada para que la quieran, con mirarla ya la quieres. Cuando hablan de ella, dicen la yaya Mireia o la yaya. Le gusta mucho cantar y fijarse en las estrellas, la luna, si está creciendo o decreciendo…, le encanta cuando está la luna llena…, es una abuela muy especial.

Por eso me extrañó tanto el sábado una frase que dijo y que todavía no he conseguido entender. Dijo “la calle es nuestra” en medio de una conversación. Lo dijo con voz no muy alta y con una cara de estar haciendo una travesura y fue curioso porque unos cuantos se alegraron de escucharla e incluso brindaron con sus copas y hasta aplaudieron. No todos se alegraron: me fijé que la madre de Pau salió hacia la cocina y el tío Carlos se puso atender a su hijo, el más chiquitín del grupo, como si no hubiera oído nada. El abuelo Patxi se quedó callado.

A mí me sonó raro, muy raro. ¿A quién se refería la yaya Mireia cuando dice “nuestra”? Nuestra significa nuestra, o sea, que no es vuestra ni de ellos. Entonces de quién es la calle… yo creía que la calle no tenía dueño… no me imaginaba a la abuela de Pau como dueña de la calle. Entonces… ¿quién no podrá pasar? ¿Quién no podrá estar en la calle de la yaya Mireia y de sus amigos también propietarios de la calle? ¿Los que no son de esa calle? ¿Los que no han nacido allí? ¿Los que tienen otro color de piel? ¿Quiénes son los que no pueden estar en esa calle que la yaya Mireia dice que “es nuestra”? Me gustaría saber quiénes son los dueños y cómo consiguieron serlo. También me gustaría saber si yo estoy incluido cuando dice “nuestra”. No sé si yo pertenezco a ese nosotros o soy de ellos. Vaya, que desde entonces estoy hecho un lío y me gustaría poder preguntarle por qué dijo eso: quiénes quedan dentro de esa calle nuestra y quiénes quedan fuera… y si esto es para siempre o cómo funciona.

Yo creo que ahí anda equivocada la buena abuela Mireia: se ha hecho un lío porque yo sé perfectamente que la calle es de todos. Quizá ha tenido algún pequeño lapsus o despiste de la edad, aunque no creo porque hay algo todavía más extraño que su frase: lo más extraño de todo es la alegría que provocó entre quienes brindaron y la aplaudieron. ¡Qué raro, nadie le llevó la contraria cuando evidentemente es mentira! ¡Lástima la yaya Mireia! Igual por no disgustarla le llevan la corriente. Abuela Mireia, yo te quiero mucho y te lo voy a aclarar, ya que los demás no se atreven: la calle es de todos. Y si llega un día en que esto no es así… todo será mucho peor. Yaya Mireia, sé que tú sabes esto, la calle es de todos.