A la contra

De viaje

Por Jorge Nagore - Miércoles, 6 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

En 2 años mi pueblo ha perdido el 11% de su población, algo así como si Pamplona pasa de 200.000 habitantes a 180.000. Claro que es uno de los 10 pueblos más pequeños de Navarra y uno de los 8 que ya tiene menos de 40 habitantes, por lo que perder a cinco de sus vecinos supone un diezmo a la población enorme. El tema es que en lugares así el golpe emocional es muy superior al numérico, porque, si en todas partes una vida es inmensa, en los lugares pequeños esa inmensidad es aún más relevante y el vacío que dejan a su alrededor los que se marchan es incluso mayor, en la medida en que sus muertes eliminan del paisaje a personas que eran el paisaje, personas que guardaremos eternamente en el corazón y que además están asociadas a la puerta de su casa, al banco de la entrada, a la línea de la carretera que cruza el puente, a la orilla del río, personas que cuando se van no solo vacían los corazones de quienes les quisimos: vacían un lugar, se llevan con ellos parte del decorado. Son gente que al desaparecer parecieran ser aún más irremplazables si cabe que cuando se vive y se muere en una ciudad. El sábado fue Teodoro, antes últimamente fueron Juan José, Julia, Paulino y Esperanza. Teodoro era el conductor de la línea de autobús Río Irati entre Pamplona y la Aezkoa, con parada en Aoiz, y un hombre estupendo, con una mezcla de humor local e inglés muy socarrona y con una amabilidad, bondad y disposición a ayudar que hizo que todos y cada uno de los miles de viajes que hizo en ese autobús que recorría la antigua carretera desde Pamplona hacia Aoiz por Artozki y final en Aezkoa fueran buenos viajes para todos a quienes nos llevó, en todo momento pendiente de cualquier paquete o cosa que quisieses enviar hacia allá o de allá hacia aquí. Seguro que le ha tocado el mejor asiento para este último viaje. Ojalá le lleve a un sitio tan bonito como al que nos llevaba él.