Mesa de Redacción

Un error que pagaremos todos

Por Joseba Santamaria - Miércoles, 6 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

La Constitución cumple 39 años. Una año más el paripé de pasillos, pleitesías y dimes y diretes bajo la sombra del eterno debate sobre la necesidad de su reforma para adecuarla al siglo XXI y, sobre todo, el alcance de los contenidos de esa reforma. No es cierto que la Constitución sea inmutable. De hecho, PP y PSOE la han modificado directamente o vía legislaciones básicas cuando les ha convenido a sus intereses políticos. O cuando lo han exigido los lobbies de presión económica. Y si ha hecho falta cargarse su espíritu social, se ha hecho: ambos pactaron una reforma exprés de la Constitución para anteponer el pago de la deuda y el control del déficit a los intereses reales de los ciudadanos. Lo hicieron de espaldas a la sociedad. Como no le ha importado al PP en estos seis años de Gobierno de Rajoy cercenar los derechos civiles y políticos democráticos y anular la división democrática de poderes -judicializar la política y politizar la justicia- que ampara esa misma Constitución con la que se les llena la boca. El cometido primero de cualquier Carta Magna, social y político, es atender las demandas y necesidades de la sociedad a la que dice representar. Y las sociedades cambian con el paso del tiempo y cambian también sus necesidades y demandas. Evidentemente, las de este casi 2018 son muy diferentes a las de hace 39 años. El nacionalismo uniformador español debiera mirar el debate abierto en Catalunya desde los valores democráticos y no, como ha hecho una vez más la prensa y la política de Madrid, desde el desprecio, la amenaza (tanques, recorte de libertades e incluso cárcel) y la descalificación. Es la misma actitud cerrada que mantiene Madrid respecto a la cuestión foral y que ahora se vuelve a azuzar contra Navarra y la CAV. Con ese discurso cerrado y esencialista, el Estado está perdiendo una gran oportunidad histórica de asentar los valores democráticos en una sociedad que asiste perpleja a la reaparición de la ultraderecha y a una involución neofranquista en las estructuras del poder centralista. Es un error que pagaremos todos.