Un ángel entre estantes que arregló el descuido

Arantxa marcos, de 24 años, es reponedora en un eroski de iturrama. Llevaba trabajando allí dos días cuando el sábado se encontró dos cheques de 13.000 euros

Enrique Conde | Iban Aguinaga - Miércoles, 6 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

Arantxa es una joven vitalista que seguro que contagia entusiasmo de par de mañana. El sábado apenas llevaba una hora trabajando en el establecimiento de Eroski ubicado en la calle Serafín Olave, en el barrio de Iturrama de Pamplona. Había empezado a emplear como reponedora el jueves anterior. Con apenas dos días en su nueva ubicación -Arantxa lleva trabajando en comercios de Eroski de Tajonar, San Juan y Rochapea desde hace año y medio, cuando terminó sus estudios de grado medio de Animación Sociocultural- la joven zizurtarra, de 24 años, se dio de bruces a eso de las 10.00 horas, cuando todavía el comercio no había alcanzado la hora de plena ebullición, con un buen susto al mirar el suelo del pasillo de los productos de higiene.

“Está todo tan limpio y más a esa hora de la mañana que me llamaron la atención dos papeles alargados que había tendidos en el suelo. Se me hizo raro que estuvieran ahí. Al cogerlos, lo único que vi es que en uno de ellos, que parecía un cheque, ponía 10.000 euros. Y no quise mirar nada más. Me fui rápido a hablar con la encargada y a entregárselos porque suponía que para la persona que lo había extraviado era muy importante. No lo dudé, porque era mucha responsabilidad lo que tenía encima y lo único que pensé fue en que eso no era mío y tenía que entregarlo cuanto antes para que se lo devolvieran a su dueño. No quería saber nada más. Después fue cuando me llamó la Policía Municipal y le conté lo mismo, cómo lo había encontrado”, declara esta joven que ahora además invierte horas en los estudios de Educación Social en la UNED Pamplona.

Arantxa Marcos Gil terminó el sábado su jornada laboral a eso de las 13.00 horas y regresó a casa como si tal cosa, sin esperar el impacto que ayer -una vez conocido el hecho por los medios de comunicación-, iba a tener el hallazgo que protagonizó. La entrega inmediata de los cheques a su jefa y la llamada a la Policía posibilitó que un ciudadano de Pamplona, cliente habitual del establecimiento, respirara aliviado por la tarde cuando se pasó a preguntar por el local si había podido perder allí los dos cheques por valor de más de 13.000 euros. En efecto, allí se le habían caído, y aunque se supone que agradecido, el señor en cuestión todavía no se había puesto ayer en contacto con Arantxa para agradecerle su gesto. Pero la mirada de ella, lejos de recriminar la inacción, transmite la sana naturalidad de quien actúa pensando en el otro y con sentido común. El único problema que tenía ayer Arantxa es que, a la vez que exponía su relato a la prensa, tenía a su vez que contárselo a su familia y a sus amigas porque hasta ayer “no había contado nada. Es que tampoco le había dado importancia hasta ahora y cuando se lo he dicho me ha dado un ataque de risa. A partir de ahí, una vez que han superado el shock de saber lo que había ocurrido, me han dicho que estaban orgullosos de mí por haber actuado así”, termina sonriente Arantxa, que recuerda que hasta ahora los objetos perdidos más relevantes que había encontrado no pasaban de ser algún DNI y monederos corrientes que se les habían caído a algún cliente. “Se da la circunstancia de que si hubiera ocurrido en otro de los locales en los que trabajé antes quizás hubiera conocido al cliente, pero con solo dos días en Serafín Olave...”.