Los expertos destacan que los árboles que talan los castores en el Arga rebrotan

La población todavía no se ha estabilizado (individuos jóvenes) y seguirá roendo, sobre todo en invierno
El área de Jardinería valla árboles en peligro de derribo

Ana Ibarra - Javier Bergasa/Efe - Jueves, 7 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

pamplona- La mayoría de los árboles convertidos en “lapiceros” por la acción de los castores, visibles sobre todo en el parque de la Magdalena, son álamos y sauces que volverán a retoñar. Roen la madera hasta talarla completamente pero “no lo destruyen, el arbol crecerá de nuevo y lo seguirán royendo”. Así lo aseguran los expertos medioambientales consultados que mantienen que los árboles desbastados rebrotarán. “El castor renueva de manera natural la vegetación de los ríos y lo hace para alimentarse”, admite Javier Fabo, activista medioambiental, miembro de la asociación naturalista marcillesa ALNUS y defensor del papel que desempeñan estos roedores en la conservación de la biodiversidad. En primavera y verano tienen más alimento. En cambio, en invierno su actividad se incrementa ante la falta de vegetación. “Roen no para obtener la madera sino para que el tronco caiga y comerse así la corteza y las ramas más tiernas. Los palos los utilizan para fabricar las madrigueras, como refugio. Además, necesitan desgastar los incisivos porque si no crecerían demasiado”, expone Fabo.

En los parques fluviales de Aranzadi, Magdalena y Miluze los incisivos de castor se confunden con la acción de un hacha bien afilada. Uno de los últimos árboles talados junto al Arga, cerca del molino de Caparroso, ha estado a punto de ser derribado. La alerta llegó el pasado viernes a la Policía Municipal por parte de uan ciudadano. Otro árbol cercano había sufrido una batida importante aunque no presentaba riesgo de caída. Los agentes están acostumbrados a estas llamadas, vigilan el estado de algunos árboles y alerta a los servicios de mantenimiento si es necesario retirar algún tronco, vallar o señalizar zonas peligrosas. Siguen a su vez las directrices del área municipal de Jardines para proteger los árboles de más porte. El director de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Pamplona Mikel Baztán destaca en este sentido la figura de un inspector que realiza tareas de “seguimiento en el río, y en cuanto se detecta la necesidad, se retira el árbol dañado”.

“Son individuos jóvenes, en dispersión, buscando nuevos territorios, como el visón en la Taconera;no creemos que hayan formado grupo familiar. No es una especie-plaga”, asegura Camino Jaso, directora del área de Ecología Urbana. La bióloga destaca que esta especie fue reintroducida de manera ilegal en el año 2006 en el río Aragón en Marcilla, y que las poblaciones se extendieron por todas las cuencas mediterráneas de Navarra en “pocos años”. “Las acciones que se han realizado hasta la fecha por parte de las autoridades competentes (Gobierno de Navarra) no han surtido efecto y, a falta de estudios más más detallados de la especie y su hábitat, hoy sigue creciendo su población al no tener un predador que la regule”, subraya. Antes que el hombre, el castor era predado por “lobos y osos”.

medidas en iruña¿Qué va a ocurrir? “Hasta que la población se estabilice por otros motivos (reparto territorial de hábitat) seguiremos sufriendo las consecuencias de su espectacular y encomiable capacidad de trabajo y actividad”, admite Jaso. En el medio rural el castor “diversifica” el hábitat pero en el espacio urbano puede crear problemas por dos motivos principales. Por un lado, peligra la seguridad delas personas que pasean cerca del entorno fluvial, para lo que el Ayuntamiento ya ha adoptado diferentes “medidas”. Por otro, el hecho de que las riberas sean “paupérrimas y muy artificiales” hace que “el impacto sea mucho mayor”, lo que se soluciona “con una buena labor de mantenimiento y restauración y en ello estamos”.

El activista Javier Fabo detalla a su vez que los castores roen los árboles situados en la margen del río a apenas dos metros. Su radio de movimiento se sitúa a 20- 30 metros desde su guarida. “Viven en familias. Las parejas tienen entre dos y tres crías. Cuando tienen entre uno y dos años se trasladan a otra zona donde no haya otro macho -porque son territoriales- y se emparejan. En doce, trece años han poblado todos los afluentes del Ebro. Después se estabilizará la población, dependiendo de las zonas donde encuentren alimento y refugios. En un tramo de un kilómetro puede haber dos grupos o estar separados cada dos o tres kilómetros”, relata. Marcan su territorio segregando una sustancia oleosa. “Necesitan un cierto nivel de agua para construir sus madrigueras lo que incrementan la biodiversidad en esa zona como ha ocurrido en el Alhama”, subraya Fabo que ha estudiado el tramo entre Carcastilo y Marcilla. “No hacen daño a la agricultura porque hay sotos naturales y no necesitan salir. Hay casos aislados como un agricultor en Fitero al que ha dañado frutales y se están buscando medidas como introducir repelentes”, explica.

En cambio, en zonas más urbanas, más “canalizadas”, la solución, en su opinión, es “colocar una malla alrededor” de los árboles tallados. Para Fabo, su captura (años atrás se cazaron más de 100 ejemplares y se llevaron a zoológicos o aplicaron la eutanasia) no garantizaría su desaparición y “sería muy costosa”.

Su estatus está en “un limbo legal. No es especie protegida por lo que las administraciones “se desentienden”, y tampoco es una especie cinegética que se pueda cazar, subraya.

datos

500 en 2014. Un estudio realizado en 2014 por Ornitolan por encarga del Gobierno censaba una población de 500 castores en Navarra. “Los grupos están constituidos por 6-8 castores que pueden ocupar dos kilómetros dependiendo del alimento que encuentren en cada zona”.

30 kilos y 12 años. Pesan entre 25 y 35 kilos y viven unos 12 años en libertad.

“Chimeneas para respirar”. Las madrigueras se construyen muy cerca de a la orilla, debajo del agua, para defenderse de posibles “depredadores fantasma, en su momento osos y lobos”. El nido está en tierra bajo las raíces de árboles donde hacen un túnel hasta el exterior con ramas y chimeneas para poder respirar.

“Inofensivos”. “Son inofensivos. Huyen de los humanos, no tienen buena vista, sí olfato y dan coletazos en el agua para advertir del peligro a los suyos”, dice Fabo. Hay dos tipos, el americano (Castor canadensis) y el euroasiático (Castor fiber). Éste último es el que habita en Navarra, Rioja, Aragón y País Vasco, en los ríos. No se considera una especie invasora que se desarrolle “fuera de su hábitat natural”.