"la primera vez que escuché Hemicraneal”

La noche más oscura

Una imagen del pelotón profesional. (JAVIER LINZÓN)
El corredor Juanjo Lobato. (Foto: Lotto NL)

La rescisión de contrato de Juanjo Lobato por parte del Lotto NL por poseer somníferos no autorizados por el equipo, alumbra la guerra química que soportan numerosos ciclistas incluso fuera de competición.

Un reportaje de César Ortuzar - Viernes, 29 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:12h.

Una noche de verano, en julio, años atrás, en un hotel anónimo de la geografía vasca, una frase cuelga en el aire de una habitación compartida por dos ciclistas aficionados. “Tranquilo, voy a poner la tele bajito, no te preocupes”. Uno de ellos no puede dormir. Cuando se aburra de ver la tele, clavará la mirada en el techo, incapaz de cerrar los ojos y descansar. Su pasatiempo será observar otro estreno en tele techo, un clásico entre los insomnes. “Aquel día fue la primera vez que escuché lo del Hemicraneal”, recuerda el corredor que se quedó dormido, ajeno a la guerra química que se desataba en el organismo de su compañero, que había tomado dos pastillas de un medicamento que mezcla paracetamol y cafeína y que se receta para combatir jaquecas. “Ya entonces me dio por pensar qué demonios era, a quién se le ocurría mezclar una cosa con la otra en la misma pastilla”. El paracetamol es un analgésico. La cafeína es un chute de energía. La sustancia permite estimular el organismo. “Ese día hubo crono. Él quería disputarla”. El Hemicraneal le activó de tal manera que no le dejó pegar ojo en toda la noche. Ni el plomo en los párpados le hubiera cerrado los ojos. Insomne.

“Era un chaval muy tranquilo, pero se notaba que el medicamento le afectaba, hablaba más de lo normal, estaba inquieto”. Ante esa tormenta, solo la tele podía distraerle en plena noche porque su compañero dormía. Estaba cansado. No estaba para la cháchara. Necesitaba descansar. “Él disputó la crono mejor que yo, pero nada espectacular, no te creas”. Lo que se narra no es un asunto de dopaje. El medicamento, que no está prohibido, se emplea para enchufarse, para espabilar, al igual que las pastillas de cafeína, que “rulan desde juveniles” porque dan un chute de energía. “Recuerdo que con 16 años tomé mi primer café solo antes de competir y te puedo decir que se nota la diferencia si no estás acostumbrado. El problema es que luego el organismo se acostumbra y los estimulantes tienen que ser más potentes, pero yo no pasé por ahí”. Es un modo de activar el cuerpo. Un ciclista siempre prefiere una Coca Cola caliente que agua fresca aunque se derrita el asfalto por el calor. El organismo, habituado desde edades tempranas, les pide cafeína. “Ya me dirás qué haces en juveniles tomando un café solo”. “Se sigue imponiendo la lógica de justificar la valía personal por los resultados y esta es una postura muy peligrosa”, expone Carlos Ramírez, psicólogo deportivo, sobre la huella, la presencia y el abuso de sustancias en el pelotón.

La sobreestimulación requiere después otras contramedidas para equilibrar el organismo. Más química. Un sube y baja constante, una montaña rusa, un círculo vicioso que solo se frena con potentes somníferos como el Stilnox cuando cae la noche. Con el amanecer se necesitan estimulantes para acometer la tarea. “El Stilnox es el somnífero más usado en el mundo del ciclismo. El zolpidem es parecido a una benzodiazepina (aunque no lo sea su efecto es similar). Produce un sueño más profundo que las benzodiazepinas, el sueño es algo más natural que con otros somníferos (respeta más las fases REM y no REM) y además no deja resaca”, expone Jordan Santos, doctor en Fisiología del ejercicio de la Universidad del País Vasco.

El relato de la expulsión de Juanjo Lobato del Lotto NL es una historia para no dormir. Otra de tantas que se acumulan en la cara B del ciclismo. “Se ha decidido poner fin a nuestra cooperación deportiva en interés del corredor y del equipo”, comunicó el Lotto NL en referencia al esprinter andaluz. Los tres ciclistas, con Lobato estaban Pascal Eenkhoorn y Antwan Tolhoek, habrían sido descubiertos utilizando o teniendo posesión de medicamentos no autorizados por el cuerpo médico del Lotto NL, aunque no relacionados con el dopaje, aclaró la escuadra holandesa. “La acción de los corredores no va en contra de las reglas de la UCI y/o de la Agencia Mundial Antidopaje”. Entre las sustancias de la noche de fiesta apareció el Stilnox, que abre la puerta a una trastienda oscura y siniestra y sumamente triste, donde para simplemente poder dormir son numerosos los ciclistas que necesitan potentes somníferos.

mezcla de sustancias “El abuso del Stilnox en el pelotón tiene difícil solución, ya estando muchos recuperadores prohibidos, y debido al estrés de la propia competición, el dormir en sitios diferentes cada día, los estimulantes (legales o no) que se toman durante las carreras, al final los ciclistas tienen grandes problemas para conciliar el sueño y acaban recurriendo a estos productos. Al final, acaban siendo dependientes e incapaces de descansar sin somníferos”, desgrana el especialista. “El deporte de competición no es sano, ya lo sabemos. El precio que en ocasiones pagan los deportistas de elite no es bajo. Es frecuente la aparición de psicopatología asociada a la actividad deportiva, uso y abuso de psicofármacos, etc.”, determina Carlos Ramírez, psicólogo deportivo, muy al corriente de casos similares a los destapados con la rescisión de contrato de Lobato.

El Stilnox es la pastilla del sueño, una sustancia que cierra el día para ganarle descanso a la noche. El modo de tapar los ojos a una realidad fría, dura y cortante, donde imperan medicamentos como el Tramadol, un potente opiáceo que es empleado a modo de analgésico para combatir el dolor de moderado a severo, y que se consume antes de los entrenamientos. La sustancia, legal, ayuda a que el límite del sufrimiento en las fases de sesiones preparatorias sea mayor. El problema con el Tramadol surge cuando uno no es consciente de que debido a su poder de adormecer el dolor, de mitigarlo hasta no saber que el organismo está reventado, sin previo aviso, no se puede dar ni una sola pedalada más. La mente no es consciente del cansancio del cuerpo.

Son numerosos los ciclistas que acaban la jornada deshabitados, con las fuerzas huecas, y sin embargo, a pesar del cansancio, cuando la noche asoma no les derrota el sueño porque su organismo vive una alteración constante. Así que acuden a los somníferos. “Lo de los somníferos en el ciclismo, aunque ahora parecen de moda por el caso de Juanjo Lobato, la verdad es que es algo que se lleva denunciando años (en 2015, el equipo Katusha reconocía la adicción de Paolini -que dio positivo por cocaína-)”, expone Jordan Santos, doctor en Fisiología del ejercicio de la Universidad del País Vasco. El principal problema del Stilnox es que “es altamente adictivo”, subraya Santos. Mezclado con mínimas cantidades de alcohol puede provocar alucinaciones. Es el efecto secundario del Stilnox. Su reverso. Su respuesta es similar a la que provoca un tripi de LSD. Un viaje alucinógeno. En la fiesta del Lotto NL hubo Stilnox y alcohol. De hecho, la sustancia, tremendamente adictiva, se ha hecho un hueco a modo de droga recreativa por el colocón que provoca y porque no deja resaca. Un modo de evasión.

humanizar el deporte El abuso de los somníferos es la respuesta que encuentran algunos en el pelotón para rebajar la hiperactividad que les producen otras sustancias estimulantes que se suman al periplo competitivo, una trashumancia constante entre hoteles clónicos e impersonales. Demasiadas horas muertas viviendo dentro de una burbuja tremendamente competitiva. “Necesitamos un deporte humanizado, que cuide a las personas, que eduque y forme en valores”, reivindica Carlos Ramírez. Sucede que los somníferos también pueden producir caídas, según denuncian algunos corredores del pelotón. Caídas absurdas, inexplicables, porque, supuestamente, algunos corredores van adormilados en plena carrera. Sometidos a la presión de los resultados, del máximo rendimiento, de poder alcanzar un contrato profesional, o simplemente de seguir tirando, en un deporte que lleva el organismo al límite, los corredores tratan de descansar como pueden y, cuando no, desconectar.

Son las víctimas de una exigencia inhumana que excede el sentido común y que se sostiene en, buena medida, la cultura de la píldora. “Un deporte limpio no llegará con más regulación punitiva. La idea de que todo vale, si no das positivo en el control, equiparar el doping a dar positivo, es una creencia entre deportistas, entrenadores y auxiliares técnicos, asentada en valores de falsedad, deshonestidad, mentira e injusticia. Esta creencia solo cambiará con educación en valores, no con más controles”, analiza el terapeuta. “Las sustancias son la cachaba que el deportista utiliza en una huida hacia adelante” y que en algunos provoca severas adicciones. La noche más oscura.

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