El ejemplo permanente

jorge nagore - Miércoles, 3 de Enero de 2018 - Actualizado a las 08:59h.

Una de las cosas que más me chocó cuando entré en este periódico a colaborar fue que la puerta de la redacción era una de esas oscilante, como las de las pelis de hospitales, blanca, con dos hojas y cristal en medio. Empujabas aquella puerta y la primera mesa que te encontrabas un poco a mano derecha era la de Comarcas o Pueblos, una mesa con cuatro puestos, cuatro sillas y cuatro ordenadores. Allá estaba ya Pablo Gorría. Era otoño de 1990 y creo que Pablo fue de los que debutó cuando salió Navarra Hoy, en mayo de 1982, así que ya era de los veteranos. La semana pasada Pablo se jubiló y me acuerdo como si fuera ayer de cómo me ayudó al principio. Yo era un mocoso de 17 años al que el jefe de Deportes, Félix Monreal, había encargado hacer junto con Alicia Garaialde -que apenas tenía 18 o 19 también- una página semanal de fútbol cadete. La agenda de Pablo, llena hasta los topes de contactos en todos los pueblos de Navarra habidos y por haber, fue nuestra salvación, como también sus avisos a los interlocutores de que nos "trataran bien". Soy solo uno de esos cientos de periodistas, fotógrafos, diseñadores, archiveras, porteros, linotipistas, montadores, correctores, etc, chicos, chicas, hombres y mujeres, que han pasado en estos 35 años por esta casa y a los que sin ninguna clase de excepción Pablo ha tratado bien, de la misma manera que ha tratado bien a su profesión y a sus corresponsales, dedicando horas a millones, siempre en marcha desde la mañana y hasta el cierre tocara la hora que le tocara. Lo único que he echado en falta -yo y muchos- es que haya escrito menos de lo que su habilidad para ello reclamaba, pero su ejemplo como periodista y enorme compañero multiplica por mil todo el eco exagerado que se pueda obtener firmando textos. Disfruta mucho, Pablo, fue un privilegio trabajar contigo, aprender de ti y poder agradecértelo. Gracias, compañero.