Adiós, agur 2017

Por José Luis Úriz Iglesias - Miércoles, 3 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:10h.

acabamos de abandonar un año convulso aquí y allí, lleno de situaciones duras y en el que algunas cuestiones importantes en vez de solucionarse se han agravado aún más.

Así en nuestro país la crisis catalana se vuelve a introducir en una especie de bucle melancólico, con los partidos independentistas y constitucionalistas incapaces de desenredarlo. Para complicarlo aún más, la ciudadanía ha vuelto a confirmar la fractura política y social en dos mitades equivalentes.

Si en la política actual se echa de menos una mayor altura de miras, faltando estadistas de peso y con ausencia de virtudes como la audacia, la imaginación y la generosidad, en este espinoso tema estas carencias se multiplican de manera exponencial.

También ha sido este 2017 el de la constatación de otros fracasos, quizás el más doloroso el de la violencia machista. Así, termina con una cifra escalofriante de 54 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas, nada más y nada menos que 8 niños y niñas, por no citar a decenas de huérfanos y familias rotas. Un fracaso que también va a exigir a la clase política un esfuerzo complementario.

La crisis ha mejorado, pero no así la situación de un sector importante de nuestra juventud en paro o con empleos cada vez más precarios. Se sigue por el terrible camino de que existan gentes con trabajo, pero en situación de pobreza o de exclusión social.

2017 ha sido otro año de la corrupción sin fin. El PP, Convergencia y PSOE se han visto involucrados de una u otra manera en escándalos de ese tipo. Con mayor contundencia el primero acosado por casos que poco a poco van pasando por el filtro de la justicia. Que al partido del Gobierno se le acuse de ser una “organización criminal” es de una gravedad sin precedentes. Pero todo ello sin ningún castigo electoral, con una sociedad a la que parece que estos temas afectan a la hora de la encuesta del CIS pero no a la de emitir su voto.

El denominado caso Pujol o el del Palau en Catalunya y el de los ERE en Andalucía abochornan a las gentes más sensatas que militan o votan a una Convergencia que ha tenido que cambiar de nombre salvándole la campana con todo el lío de la DUI y el 155 y el PSOE, que con la llegada de nuevo de Pedro Sánchez a su SG parece remontar, pero mucho más lentamente de lo previsto.

Ha sido el año del desencuentro, el encuentro y de nuevo el desencuentro de una izquierda que parece a la deriva, incapaz de ponerse de acuerdo y de aprovechar las debilidades actuales de su rival.

El terrorismo yihadista ha golpeado de nuevo a nuestro país, en Barcelona en esta ocasión, pero casi ningún país de Europa se ha librado de sufrirlo. También aquí existe una incapacidad para atacar de raíz el problema de esos jóvenes, en muchos casos integrados en nuestra sociedad, dispuestos a hacer tanto daño.

Fuera de nuestras fronteras las guerras de Siria e Iraq está acabando con la derrota del Daesh, pero esto abre otro peligro a medio y largo plazo, la vuelta de centenares, quizás miles de militantes adiestrados para matar y dispuestos a exportar su guerra santa. O Europa, el primer mudo se toma muy en serio atacar la raíz del problema o seguirá el sufrimiento.

En EEUU el nuevo presidente Donald Trump continúa con sus ocurrencias, empeñado en gobernar a golpe de tuits. La última meter su zarpa en el conflicto árabe israelí para azuzar los rescoldos. El comentario sobre reconocer a Jerusalén como capital de Israel puede tener consecuencias desastrosas para la inestable situación en la zona.

Su confrontación con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, otro venado como él, ha creado una tensión sin precedentes, más aún teniendo en cuenta la condición nuclear de dicho país. Acaba el año sin resolverse, otro tema al pasivo de 2017.

El cambio climático avanza de manera peligrosa para la humanidad, incapaces de frenar la emisión de elementos contaminantes, agravada por la posición del líder mundial más poderoso, de nuevo Trump, contraria a su control. Nuevo peligro que deja 2017 sin resolver.

En Europa el Brexit continúa su camino, la UE no termina de consolidarse y los avances de la extrema derecha en algunos países no ayuda. La izquierda, mientras tanto, sigue sumida en una profunda crisis y ni está ni se la espera en los próximos años y solo Portugal o Grecia, más la primera, suponen un pequeño islote entre tanto gobierno conservador.

La crisis de los refugiados ha sido este 2017 otra de las asignaturas pendientes. Sigue muriendo gente en un Mediterráneo convertido en una gigantesca tumba de gentes desesperadas huyendo de guerras, hambre y enfermedades.

Aunque quizás la mayor crisis que asole Occidente sea la los valores cada vez más en desuso en un mundo individualista y egoísta. Es probable que, como aseguraban algunos expertos, hayamos entrado en una segunda Edad Media, aunque el elemento positivo sea la esperanza de recordar que la primera tuvo su continuación en el Renacimiento.

Termina pues 2017, un mal año, pero no podemos perder la esperanza de que en este nuevo 2018 vayamos siendo capaces de aprobar todas esas asignaturas pendientes. De ilusión también se vive.

El autor es exparlamentario y concejal del PSN-PSOE