Y tiro porque me toca

La jauría

Por Miguel Sánchez-Ostiz - Domingo, 7 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h.

No, no se trata de una versión de la repulsiva Manada que pasó por Pamplona, sino de esa otra jauría que sale a diario al escenario mediático a devorar lo que tenga por delante, ya sea la violación de los Sanfermines o la pelea de bar de Alsasua en una madrugada de ferias pasadas por copas… o la desaparición de Diana Quer que terminó en asesinato, por no hablar de los independentistas catalanes o el informe de las torturas descalificado por quienes las avalan de continuo negándolas, y atribuyéndolas a un imaginario manual de ETA. La jauría mediática ni descansa ni se sacia, y sale, depredadora, a diario, en radios, televisiones y páginas periodísticas haciendo rodar ese eufemismo estúpido de la posverdad que no es otra cosa que la patraña de toda la vida. Desinformar, hacer circular consignas políticas, desacreditar… mentir.

A Diana Quer la tronzaron durante semanas, cuando ya estaba muerta, pero para la ciénaga era preferible tenerla viva, libre, a su aire, para poder echarle la mugre de la sospecha, de la leyenda urbana, del más repugnante sexismo y de una mala intención activa, por la que se cobra, y mucho, y se disfraza de rectitud de intención, siempre. Algo miserable, que en otros tiempos hubiese sido calificado de inmoral pero no ahora, porque eso ya no cuenta. La jauría calla porque tiene otras piezas de caza entre manos y, además, qué importa, eso fue hace ya mucho y estamos en tiempos de hechos efímeros, todo es volátil, sobre todo las fechorías de los más fuertes.

Periodistas y comunicadores, independientes estos, que no dudan en condenar y ejecutar a quien ponen en sus picotas, por sí mismo o inducidos desde las cloacas gubernamentales, antes de que se cierren siquiera los sumarios, se reúnan las pruebas y se ejercite el derecho de defensa. El caso de los muchachos de Alsasua es el más sangrante. Lo que cuenta es la picota y el linchamiento, el escandalazo, la audiencia y el pasar por caja. Son muchos y casi cada medio filogubernamental cuenta con uno o con varios. No seré tan ingenuo de sostener que en medios alternativos o vagamente de izquierdas hay siempre y por sistema «angélicos del Señor», pero además de ser los menos, carecen de la fuerza de los auténticos patriotas, los verdaderamente informados, los justicieros de las libertades…

Hay que darles rejón a los políticos catalanes presos, hacerse jurista de barbecho al lado de los que visten toga y medallones, y han pergeñado una resolución digna de la más retorcida de las dictaduras, sin muchos precedentes y una argumentación puramente ideológica y con consecuencia políticas y de convivencia social por completo imprevisibles. Ellos, los de la jauría, se encargan de repicar hasta la saciedad que los políticos catalanes presos de una manera preventiva que da en el abuso y en el castigo sin sentencia, no son presos políticos, cuando la decisión judicial lo es, más incluso que meramente jurídica. Y su audiencia lo cree, asiente, aplaude y repica a su vez sin saber muy bien lo que dice.

La jauría nutre la conciencia y la cultura de un paisanaje lamentable que rehúsa pensar por cuenta propia y en esa condición actúa, en las urnas y fuera de ellas. Si les dices que están expandiendo un chapapote de odio, de inquina, el fermento de una antipatía social, te dirán que estás en un error, que ellos, la jauría, son paladines de la verdad, de la información, nos hacen un favor, nos quitan las legañas de los ojos del alma. Eso en el mejor de los casos, en el más común recibirás una andanada de insultos, en los que la jauría ensaya a diario, en el borde de la legalidad y dentro de la impunidad, por tanto. No se trata ya de programas basura o de prensa amarilla, sino de un sistema sórdido en el que el espectáculo anda mezclado con la voluntad de desinformación y de hacer circular doctrinas y consignas.

La jauría sale de muta, ataca y muerde, y si eres tú la víctima, date por perdido, por condenado, por ejecutado, sin derecho a apelación posible porque total para qué, eso ya es pasado y lo que cuenta es el presente, la ración de mugre del menú del día, siempre renovada.

Secciones