la carta del día

Alsasua, solidaridad en estado puro

Por Virginia Alonso Aparicio - Miércoles, 10 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:16h.

La frase “todo el mundo es bueno” se dice mucho, sin embargo a veces suena más como una cantinela irónica que como realmente una creencia de que la gente es buena. En mi caso, tengo pleno convencimiento de esa bondad, no es la primera vez que la experimento y vivo, y es de esa bondad de persona a persona de la que quiero hablar.

El sábado 7 de enero vivimos una situación excepcional en Alsasua. El temporal de nieve que vivió Navarra, y prácticamente todo el Estado, no pasó de largo en Alsasua, sino más bien al contrario, se cebó con la A-1, lo que convirtió a mi querida localidad en el centro de recepción de personas atrapadas en la carretera. Muchas personas, cientos, superando el millar.

Botas de monte, ropa de abrigo y a la calle, ésa fue la respuesta instintiva que salió de cada vecino y vecina de este maravilloso pueblo. Ya en la misma calle, y sin falta de que nadie dijese nada, ante las preguntas de personas en coches sobre dónde dormir, vecinas y vecinos de Altsasu ofrecían sus casas para acoger a familias con bebés, con personas mayores o enfermas, sin ni siquiera llegar a los lugares habilitados por el Ayuntamiento para acogerles. En la propia calle y con una sola pregunta encontraron donde refugiarse. Esa gente anónima se las llevó a casa. Esa gente es Alsasua.

Alsasua también es el montón de personas que acudieron al albergue, al polideportivo, al frontón, para hacer lo que hiciera falta: acudieron con leche, café caliente, agua, algo de comida;maleteros llenos que venían desde bares, tiendas y domicilios familiares;hubo quien venía y se marchaba a movilizar a más gente para traer lo necesario, quien contactaba con personas que tenían vehículos todoterreno y se organizaban para trasladar gente desde la carretera a Alsasua, o el material necesario desde un lugar a otro;quien se puso a organizar un parking;quien dio el brazo a una persona mayor para que no resbalase, quien sonrió a esa familia agotada tras horas en la carretera;quien vino y ayudo con el francés, el árabe, el portugués;quienes organizaron los desayunos, las necesidades médicas e higiénicas;quien

sonrió y tendió una mano a gente en una situación difícil.

Éramos personas con personas, y eso era lo que primaba. No importaban ni nacionalidades, ni ideologías, ni idiomas, ni colores de piel. Éramos mujeres, hombres, niños y niñas siendo partícipes de algo difícil pero impresionante: solidaridad en estado puro. Eso es Alsasua.

La autora es concejal del grupo Goazen Altsasu