Un añito y al infierno

andy murray, número uno hace doce meses en el abierto de australia, se aparta del circuito al operarse de la cadera

Un reportaje de Manuel Sánchez Gómez. Fotografía Andrew Couldridge - Jueves, 11 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:16h.

no parece sencillo ser Andy Murray en estos momentos. Ni saber qué pasa por la cabeza de quien fue número uno del mundo y apenas pudo disfrutar de ello. Porque fue subir al trono y caer maldito en un cúmulo de lesiones que hubieran hecho mella en la cabeza de cualquiera menos en aquel chico de Dunblane que tocó la cima tras perder ocho finales de Gran Slam.

Y es que no se entiende un Murray que no se agarre a la pista y que no pelee como un luchador romano igual que no se entiende un Federer golpeando el revés a dos manos. Es ilógico, antinatural.

Por ello, el británico lo lleva de la mejor manera posible y anuncia su baja en Brisbane a través de las redes sociales con una foto suya de cuando era tan solo un niño, informa de su operación de cadera con una instantánea en la cama de un hospital, lanzándole un mensaje cariñoso a su entrenador, y muestra un optimismo que se antoja necesario cuando la realidad es que va a estar un año entero fuera de las pistas.

Hace 12 meses, Murray llegó al Abierto de Australia número uno del mundo, tras un 2016 pletórico en el que conquistó su segundo Wimbledon y subió al trono mundial en una preciosa lucha con el serbio Novak Djokovic.

Las secuelas de aquella batalla, cerrada en Londres con la victoria del escocés en la Copa de Maestros, pasaron factura y el pupilo de Jamie Delgado comenzó su descenso con la derrota ante el alemán Mischa Zverev en Melbourne y el consiguiente descalabro tanto mental en un principio como físico al final.

Murray disputó 30 partidos en 2017, lejos de los 78 del español Rafael Nadal o los 57 del suizo Roger Federer, antes de finiquitar la temporada al caer ante el estadounidense Sam Querrey en su casa, en Wimbledon.

La cadera le obligó a parar, y lo que parecía solo un hasta pronto se acabó alargando. Su baja en Cincinnati le arrebató el número uno, lo cedió de la peor forma posible: sin poder defenderlo en la pista, sin poder lucha por él y con la impotencia de quien mentalmente quiere estar, pero físicamente no puede. Su cadera le dio otro aviso hace unos días y ahora ha trasladado su lucha a fuera de la pista.