la carta del día

En estas fechas tan señaladas

Por Inmaculada Gutiérrez García - Viernes, 12 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h.

Bueno, ahora que ha terminado toda esta locura (inventada o no, no lo sé, por El Corte Inglés), puedo afirmar que somos gilipollas.

Vamos por partes.

En estas fechas tan señaladas, como dice ése que ya sabemos, lo primero que hacemos es gastar dinero a espuertas. Que si un poco de vino bueno por aquí, unos langostinos por allí, algún detallico para los nenes, y para terminar, las rebajas, donde, por supuesto, sólo nos compramos lo que necesitamos y todo aquello que no necesitamos también, porque está a precio de ganga dos euros más barato que la semana pasada...

Lo siguiente es comer y beber, comer y beber, y volver a comer y a beber, emulando ese villancico conocido también por todos. Pero como si no fueran bastante castigo los atracones que nos damos, lo mejor que se nos ocurre es juntarnos con esa gente a la que en el mejor de los casos sólo nos une el ADN y los papeles que ha firmado tu hermana en el juzgado. Sí, hablo de la familia, la de verdad y la ajena, como dice una gran amiga mía. O sea, que vienen a tu casa, se beben tu vino, se comen tus langostinos (siempre con las consabidas quejas de que están demasiado pasados y se pelan mal) y se marchan dejándote confeti hasta en los agujericos de los enchufes.

Para colmo, permitimos que un tipo gordo que no conocemos de nada (yo no lo he visto nunca) entre en nuestra casa mientras dormimos, se beba el poco vino que han dejado de la cena y haga creer a nuestr@s hij@s que todos esos regalos que tanto esfuerzo nos ha costado comprar, no sólo económico, no, me refiero también a los atascos con el coche, las colas interminables en las tiendas, el paquete de Amazon que no llega a tiempo, los ha traído él, así, sin más, por la jeta, como es tan bueno...

Lo que os digo. Gilipollas perdidos. Acaban estas fechas tan señaladas y nos encontramos que hemos reñido con la mitad de la familia, que nunca acabamos de barrer ese puñetero confeti, que hemos engordado tres kilos (vamos de rebajas que no me pasan los vaqueros de la pantorrilla), y que la persona a la que más quieren nuestr@s hij@s es al gordo bonachón que les ha traído todas esas cosas que tú te has pasado todo el año negándoles.

Así que nada, vamos a comenzar el nuevo año a dieta, ya volveremos a perder la línea en verano (otra fecha muy señalada), invitando a nuestro cuñado a ese concierto para limar asperezas y poder estrenar los pantalones ganga que nos hemos comprado en las rebajas, y diciéndoles de nuevo a nuestr@s hij@s que no a todo para que sigan admirando al gordo en vez de a nosotros que somos sus padres.

Gilipollas, vaya, que somos sus padres, coño.