Ikusi makusi

Dónde queda la verdad

Por Alicia Ezker - Viernes, 12 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h.

el año se despidió con una de esa noticias que realmente nunca quisimos conocer, porque nunca debió ocurrir: la confirmación de un crimen de violencia machista, el asesinato de Diana Quer. La detención del asesino confeso de la joven de 18 años que desapareció en agosto de 2016 cuando regresaba a su casa en el pueblo de Galicia en el que pasaba las vacaciones con su familia llevó a la confirmación de la peor de las hipótesis, la del asesinato de la joven y su ocultación en un pozo. Un pozo en el que no solo se descubrió el cuerpo sin vida de la joven sino, como ya han escrito otros colegas, la miseria de una parte de la profesión periodística que quedó a la altura del barro y que estaba enterrada allí, tan muerta como la víctima. Todos esos profesionales de la información, sobre todo televisiva, que durante año y medio han vertido mentiras y medias verdades sin escrúpulos sobre la víctima y su entorno. Culpabilizando y aireando situaciones de la vida privada de una familia destrozada y doblemente atacada, por el asesino y por los medios. La propia Diana Quer parecía ser la culpable de su desaparición. La audiencia lo quería saber todo y los medios estaban dispuestos a dárselo con independencia de lo que se llevaran por delante. El periodismo no estuvo a la altura y seguramente cometimos más de un error en nuestros medios dando por ciertas informaciones que no lo eran, pero de ahí a tratar un hecho tan trágico y sensible como si fuera un reality show hay un trecho, el que por suerte todavía muchos profesionales no estamos dispuestos a recorrer. No es la primera vez. Ya lo vivimos hace 25 años con la desaparición de las niñas de Alcàsser, quizá el crimen que más impactó a la sociedad y que abrió la puerta de atrás al periodismo. Las desgracias de otros enganchan. El dolor ajeno vende. El morbo da audiencia. Cuanto más doloroso sea lo que se cuenta, más rentabilidad se le saca. Triste manera de abordar la información. El desenlace del caso de Diana Quer nos quema en las manos como periodistas. La joven nunca desapareció por voluntad propia. No había más culpable que quien la secuestró y asesino pero algunos no dudaron en culpar a la víctima. Culpar o no creer, como en otros casos, poner el foco mediático en la parte más débil y vulnerable en lugar de utilizar el periodismo para ayudar a esclarecer la verdad. No todo vale.