Editorial de diario de noticias

La provocación como táctica política

UPN y PP vuelven a forzar una trifulca en el Parlamento para no quedar en evidencia por sus infundios sobre las urgencias pediátricas. La derecha unida sigue devaluando las instituciones en su estrategia de derribo al Gobierno

Viernes, 12 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h.

un medio digital elevó al rango de colapso de las urgencias pediátricas una punta de actividad a consecuencia de la gripe y la entente UPN-PP dio conducto parlamentario a la exageración para arremeter contra el Gobierno del cambio, una dinámica de retroalimentación constante en esta legislatura. El consejero Domínguez compareció ayer para abordar ese presunto colapso en el centro San Martín en el marco del cambio de año y, ante el vapuleo dialéctico al que iba a someter a los portavoces de la derecha unida con la información fidedigna de la que disponía, la polémica viró hacia la lectura en euskera por parte de la presidenta del Legislativo de la pregunta formulada por el PP al titular de Salud. Regionalistas y populares pusieron literalmente el grito en el cielo, cuando el hábito ya consolidado de la rectora del Parlamento es alternar el castellano y el euskera -con el preceptivo servicio de traducción de la Cámara-, en otro infausto capítulo de la apuesta por hacer de la provocación una estrategia política de acoso y derribo. Una zafiedad que volvieron a encarnar como nadie el regionalista Sayas y la popular Beltrán -a la que Aznárez llegó a expulsar, aunque luego revocó su decisión en aras al desarrollo normalizado de la jornada-, máximos exponentes ambos de una praxis grotesca que está abocando a una devaluación galopante del Parlamento. Puesto que la imprescindible labor de oposición, esa relevante tarea de exigente control basada en argumentos sólidos y en una oratoria contundente pero nunca insultante, ha derivado en la bronca permanente, convirtiendo cada sesión plenaria en un espectáculo circense. Paradójicamente, un partido de orden como el PP ha interiorizado plenamente que la fórmula para intentar preservar su exiguo nicho de votantes es fomentar la alharaca en las instituciones para lograr eco en los abundantes medios afines y replicarlo en las redes sociales, prolíficas también en acólitos de brocha gorda. Pero esa radicalidad en el fondo y en las formas ha inoculado por un procedimiento de ósmosis la ejecutoria de UPN bajo la égida de Esparza, que ayer mismo salió desde su escaño en auxilio de Beltrán para cerrar filas con ella. Ciertamente, la condición de socio leal e incondicional del PP conlleva evidentes servidumbres, aunque resulta como mínimo inaudito que un partido con legítima vocación de retornar al Gobierno de Navarra y que además se proclama moderado como UPN sea un actor principal de semejante esperpento.