La nacionalidad del TAV

Por Rubén Velasco - Sábado, 13 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:10h.

Las recientes declaraciones de la consejera de Infraestructuras de la CAV, la señora Tapia, ante el anuncio del Ministerio de Fomento sobre la opción preferida de conexión del TAV entre Navarra-Euskadi, y su “desahogo nacionalista”, por utilizar una expresión leída en un editorial de un periódico radicado en una de las “cuatro capitales vascas” de la península Ibérica, dan bastante juego. Dejando por adelantado que la construcción nacional, en alta velocidad supongo, es perfectamente legítima y respetable, faltaría más.

El caso es que, a falta de estudios que avalen la viabilidad del proyecto sobre demanda de pasajeros y mercancías, y dejando de lado las soflamas desgastadas de los veteranos emprendedores pretéritos navarros unidos por la causa, es decir el cemento, pues vemos que el PNV y el Gobierno del PP comparten el uso político del TAV. El PP para prometer la llegada de la alta velocidad en prácticamente todas las capitales de provincias (recientemente le tocó a La Rioja), tratando de calmar las ansias de la plana política local y de afianzar resultados electorales, y el PNV, que lo concibe como un elemento a utilizar para conseguir su objetivo de construcción nacional, conectando Hegoalde con Iparralde en un pispás. Que a fuerza de combatir el despropósito del TAV, subestima uno su capacidad para edificar naciones.

Lo llevaría más lejos, podría pensarse que ambos partidos comparten nacionalidad.

Da igual situarse en el palco del Bernabéu que en el del nuevo San Mamés. Para estos

negocios de enjundia, con miles de millones de euros de por medio, la marca España y sus representantes políticos no entienden de fronteras. Y las rencillas políticas no versan sobre modelo ferroviario o cuestiones competenciales, no, sino sobre lo que de verdad interesa, quién se encargará de las obras (tratando también de reducir su elevado grado de incertidumbre en cuanto a su ejecución se refiere). Deseos expresados con términos eufemísticos, como el de “tener capacidad de incidir” del señor Ayerdi, quien vuelve a requerir al señor De la Serna, “¡por el amor de Dios, firme usted un nuevo convenio!” (encomienda de obras a Navarra), pero no en la Delegación del Gobierno, que tenemos palacio propio y con las reformas está quedando fetén. El ministro alude a su compromiso adquirido con los navarrísimos/as. También tenemos las claras y meridianas palabras de la señora Sáez de Santamaría, cuando declaraba que “a Urkullu lo que le preocupa es a quién se adjudican las obras del TAV”.

Por otra parte, está muy bien que el TAV conecte ciudades, lo malo es que ayuda a desconectar pueblos, porque es abrirse una línea de AVE y reducirse las de media y larga distancia. Esperemos no se llegue a consumar un nuevo ajuste en estas líneas basándose en el informe INECO (2013), la consultora del Ministerio de Fomento. En dicho documento se analizaba la rentabilidad de esas líneas de media distancia, que sí vertebran el territorio, y se concluía la conveniencia de suprimir un tercio de las mismas alegando falta de rentabilidad y apelando a la racionalización del gasto. Obviamente la consultora no realizará un estudio similar para el TAV, nos quedaríamos sin ninguna línea y no es plan, que ya van más de 50.000 millones de euros dilapidados en ese tren para ricos.

Sinceramente, no me gusta que en materia de ordenación territorial Navarra sea ni cortijo del PP-UPN, ni caserío del PNV. Es por ello que somos muchos y muchas los que reclamamos construir un modelo sostenible de tren social desde Nafarroa que satisfaga las necesidades de ciudadanos/as y contribuya a retirar mercancías de la carretera, sin imposiciones, vengan de donde vengan. Y en cuanto a la cuestión nacional, bueno, me vienen a la cabeza las estrofas de la Canción del pirata del poeta romántico Espronceda, “Allá muevan feroz guerra ciegos reyes por un palmo más de tierra...”.

El autor es parlamentario de Podemos-Ahal dugu