Mar de fondo

Paletarnia

Por Xabi Larrañaga - Sábado, 20 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:11h.

Resulta curiosa la barra libre inaugurada con el inventazo de Tabarnia. No me refiero a la duplicidad de opciones identitarias o banderizas, que donde cabe una nación pueden caber cien y a todas se les halla, puestos a buscarla, razón histórica y cultural. Hablo del derecho que se han otorgado sus promotores para insultar a la patria vecina, esa media Cataluña interior que recibió los palos en octubre. Porque una cosa es enfrentarse al adversario con un espejo, y otra muy distinta llenarlo de mierda constitucionalmente.

Desde que el juguete se puso en marcha, a dos millones de paisanos se les llama en público trabucaires, carlistones, paletos, reaccionarios, cejijuntos, ladradores de una jerga inútil, endogámicos, tribales, terruñeros y en ese plan. Hasta su peinado disgusta. Un dramaturgo ha afirmado que en Tabarnia todo ciudadano es bienvenido salvo si llega en tractor, chiste muy celebrado por esos cosmopolitas cuyas lechugas, supongo, se compran en MediaMarkt. Tal vez se reirían menos si, desde la otra trinchera, un imbécil respondiera prohibiendo la rumba y la feria de abril. Así que, lejos de discutir sobre proyectos políticos, se ha dispuesto un ring en el que a un lado brillan Eugenio y Marsé y al otro, con barretina, Marianico el Corto y Curro Jiménez.

Ignoro cuándo fue la última vez que esa intelectualidad pisó un pueblo de verdad, quizás hace siglos. Sólo así pueden pensar que, en la era de internet, en los tiempos del bitcoin, Ryanair y el reguetón, un sujeto de Salou crece per se más tolerante e inteligente que uno de Girona. No diga, pues, catedrático, ateniense o letrado: diga tabarnés. Pues vale.

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