45 años en la familia

Esther Sanz y Jesús Fernando Díaz, en 1975. (Foto: cedida)

el matrimonio formado por esther sanz y jesús fernando díaz, en el orfeón desde los 70, representará a los cantantes

Un reportaje de Ana Oliveira Lizarribar - Martes, 6 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

se conocieron en el Orfeón. El padre de él había cantado en el coro durante años y a ella le animó a ir a las pruebas el tío de un amigo, que resultó ser el entonces director, José Antonio Huarte. Y están juntos desde entonces. No extraña, pues, que Esther Sanz y Jesús Fernando Díaz digan que sienten que esta institución y sus componentes son familia. Tanto, que otros de los miembros más veteranos les escogieron para que representaran a todos los cantantes, los de ayer y los de hoy, en la ceremonia de entrega de la Medalla de Oro del Mérito a las Bellas Artes que se celebrará este mediodía en Málaga.

Precisamente, el matrimonio atendió a este periódico ayer mientras viajaba en tren hacia la ciudad andaluza. Para los dos, haber sido seleccionados para asistir a este actor supone “mucha satisfacción”. “Es una alegría muy grande y sentimos una gran emoción, pero también responsabilidad”, decía Esther Sanz, que reconocía estar experimentando muchas sensaciones mientras recordaba “a toda la gente que ha estado en el Orfeón antes que nosotros”. Sanz, que agradeció a la junta el gesto de llevar a dos cantantes y a sus compañeros que les eligieran a ellos, es junto con su marido la cantante con más permanencia ininterrumpida en el coro, donde ingresó en 1973. “Siempre había cantado en los coros de la escuela, conocí a Fernando Remacha y siempre había tenido esta inquietud, así que decidí ir a las pruebas, me cogieron y hasta hoy”, comenta la soprano, que apenas ha faltado unas semanas en todos estos años cuando tuvo a sus dos hijos. “Después, cuando volvía al coro, mi madre se encargaba de cuidarlos, y estos días me estoy acordando mucho de ella”, añade, emocionada, y menciona a su suegro, Francisco Díaz, y a sus hijos, que también cantaron en el coro.

En el seno del Orfeón han nacido unas cuantas parejas a lo largo de su historia y, como Esther y Jesús Fernando, han podido cantar en toda la geografía navarra, pero también en Madrid, Barcelona, Sevilla, Málaga, Donostia, y del extranjero como París, Nueva York, Washington, Londres, Carcassonne, Avignon..., generando en todos estos viajes un sentido de familia. “La convivencia es muy bonita;en el día a día ir a ensayar supone un sacrificio importante, pero cuando te vas a uno de estos viajes y te comentan sabes que es gracias a todo ese tiempo que has dedicado”. Un tiempo que es muy importante porque, como apunta Jesús Fernando Díaz, “mi padre siempre me decía que si faltas un día, se nota”. El tenor, que formó parte de la junta directiva durante dos décadas, evocaba ayer con cariño su entrada en el Orfeón, en 1974, de la mano de su padre, que había cantado durante años, pero que lo había tenido que dejar por cuestiones laborales. “Ese año nos presentamos juntos a las pruebas y entramos los dos”, cuenta, y recuerda que llegó a cantar con él la Novena Sinfonía de Beethoven en Burdeos y el Réquiem de Mozart en Madrid. Díaz valora mucho todas las historias del coro que le contaban en casa y también otros miembros veteranos. Hoy, ese papel les toca a los cantantes que, como él y su mujer, son auténticas instituciones dentro de esta formación. “Con el mismo cariño con el que nos recibían cuando entramos nosotros recibimos hoy a los más jóvenes”, continúa, convencido de que el Orfeón tiene mucho futuro, dada la actividad de los coros infantil, escolanía y juvenil.

Para Esther Sanz, formar parte del coro a día de hoy es “una satisfacción” y afirma que con cada director que ha trabajado, desde José Antonio Huarte hasta Igor Ijurra, ha aprendido algo. “Me emociona, cantar en el Orfeón es un sentimiento que no es fácil de explicar”, agrega, y tiene claro que la entidad merece la Medalla de las Bellas Artes porque “en una comunidad tan pequeña como es la nuestra, que haya más de cien personas queriendo cantar dentro y fuera de nuestras fronteras, haciendo música y haciéndola bien, supone un reconocimiento a todo el esfuerzo de los que estamos ahora y de los que han pasado durante estos 150 años”, termina.

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