Carta a un cobarde

Fco. Javier Elvira Elvira - Miércoles, 7 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Fuimos de día, era domingo, lo anunciamos a los cuatro vientos, no nos escondimos...

El pasado 19 de noviembre de 2017, en la sierra del Perdón, inauguramos un monumento, un memorial para honrar y recordar a los nuestros, a los que ya no están con nosotros.

No porque ellos así lo decidieran, no porque la edad, la enfermedad o cualquier otra, natural, circunstancia se los hubiera llevado. Sino porque algunos desalmados decidieron que no debían vivir.

Ellos se los llevaron a escondidas, amparados por la noche, en cuadrilla, y escondidos en cuanto garantizase su impunidad;como una manada de la peor de las alimañas. Desprovistos de cuanto pudiera hacer que se confundieran con seres humanos, sin eufemismos, los asesinaron.

No os engañéis, no fue un acto de valor, fue un acto de los más cobardes que se pueden recordar . No es algo de lo que podáis presumir o vanagloriaros, es un acto de los que tenéis que avergonzaros, pero para ello haría falta tener vergüenza.

A nosotros no se nos educó en el odio, no se nos inculcó el revanchismo, me imagino que a nadie le extrañaría pero no fue así. Eso sí, se nos enseño a honrar y recordar, por eso no olvidamos.

A vosotros, los herederos de aquellas alimañas, evidentemente sí que se os educó en el odio, en la falta de respeto y en la más repugnante de las faltas de humanidad, así pues alimañas también.

Llegasteis a escondidas, amparados..., lo recordáis, solo hay que leer un poco más arriba.

El domingo atentasteis contra una piedra, nunca podréis hacerlo contra los sentimientos, eso sí, en esta ocasión armados solo con pintura, claro ya no tenéis garantías de impunidad, teníais que hacerlo, porque esa piedra recuerda vuestra cobardía, representa el recuerdo a los que nos precedieron. Simplemente eran gente sencilla, trabajadora, que lo único que hicieron fue respetar la ley, recordar que fuísteis vosotros los que la quebrantasteis.

Seguramente no será la última vez, pero ésta me ha dolido especialmente y no he podido evitar dirigirme a vosotros, porque también necesitáis un memorial que recuerde lo que sois y lo que fuísteis. No sois guerreros, no sois soldados, no sois valientes, solo sois cobardes alimañas.