Segundos que salvan vidas

Luis Elizalde, gerardo irisarri y jesús olave sobrevivieron a paradas cardiacas tras rápidas actuaciones

Un reportaje de M. Bernués/ M. Pérez. Fotografía P. Cascante - Martes, 13 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

En Navarra se producen alrededor de 400 paradas cardiorrespiratorias al año. En ellas, la probabilidad de supervivencia sin que se produzca un daño neurológico es de un 22%, una cifra que ha aumentado en los últimos años gracias, sobre todo, a la reanimación realizada por los testigos de estos sucesos. La intervención en los primeros minutos es fundamental para la supervivencia del paciente. Lo primero es detectar la parada y avisar a los servicios de emergencia. Después, realizar la reanimación cardiopulmonar y usar un desfibrilador a la espera de que llegue el personal sanitario para trasladarlo al hospital. Quienes pudieron contar en su día a este periódico que la cadena funciona son Luis Elizalde, Gerardo Irisarri y Jesús Olave, tres hombres a los que una rápida intervención les devolvió a la vida.

Luis Elizalde

“Si no llega a ser por los policías estaría muerto”

“Te das cuenta después de lo cerca que has estado de la muerte y de que has tenido mucha suerte. Estuve un mes en el hospital y en la planta había personas que les había dado algo parecido y que se quedaban con muchas secuelas. Yo, en cambio, no tengo ningún tipo de secuela y puedo dar gracias a Dios de que estoy aquí prácticamente como estaba antes. Ha habido personas que han hecho las cosas bien, se han encargado de que haya gente con formación, que los municipales tuvieran un desfibrilador en el coche...”. Luis Elizalde es un vecino de Zizur Mayor que el 27 de marzo de 2015 sufrió una parada cardíaca en su domicilio. Tras telefonear al 112, su mujer y una vecina, guiadas por las tranquilas indicaciones de SOS Navarra, iniciaron la reanimación cardiopulmonar (RCP), que retomaron a los dos minutos dos agentes de la Policía Municipal, los cuales llevaban consigo un desfibrilador. Una labor que mantuvieron hasta que llegaron los servicios de emergencia. “Los cuatro eslabones de la cadena de supervivencia fueron perfectos”, señaló Elizalde. “Nos sorprendimos de lo tranquilos que estábamos”, reconoció Javier Cuevas, uno de sus salvadores, que apuntó que “eso te da seguridad para otra intervención cuando vuelva a ocurrir”.

Gerardo Irisarri

“Me salvé porque las cosas se hicieron bien”

El vecino de Barañáin Gerardo Irisarri tampoco tiene secuelas de la muerte súbita que sufrió el 27 de marzo de 2016, de la que fue atendido en un primer momento por su vecino Gonzalo, profesor que había recibido formación de reanimación cardiopulmonar, y posteriormente por la Policía Municipal, que llevaba un desfibrilador en el coche y que actuó hasta que llegaron los servicios de urgencia. “No creo que haya tenido suerte, porque un infarto no es tener suerte, pero sí considero que haber vuelto a la vida responde a un conjunto de cosas que han funcionado correctamente”, recordó.

Jesús Olave

“Cuando me lo contaron me dieron escalofríos”

Jesús Olave, también vecino de Zizur Mayor y exconcejal de la localidad hasta 2002, salió el martes 13 de abril de 2016 del hospital, tres semanas después de que su corazón dejase de latir en el salón de su casa. “Cuando me lo contaron me entraron escalofríos”, dijo Olave mientras los agentes de policía que le salvaron la vida, Javier Górriz y José Antonio Ansorena, le explicaron cómo sucedió todo. “Poder llegar a tiempo y sacarle de una parada es una gozada”, comentó Górriz. “Salió todo de manual”, señaló Ansorena. Se refería a la llamada cadena de supervivencia, que funcionó como un reloj y es fundamental si de lo que se trata es salvar vidas y evitar daños neurológicos posteriores. Para empezar, el yerno de Jesús le realizó la reanimación cardiopulmonar nada más llamar al 112. Después los agentes volaron con la suerte de que estaban a 500 metros del domicilio, y un minuto más tarde ya estaban colocándole los parches del desfibrilador. El aparato, con una descarga, reactivó su corazón. Después Javier Górriz continuó con la reanimación mientras el yerno le hacía las insuflaciones. “Te he dado más besos a ti que a mi mujer”, bromeó Olave que le decía su yerno.