Altsasu mira a su pasado en el carnaval rural

La villa se transformó ayer en una catarsis colectiva en la que momotxorro marcó territorio

Un reportaje de Nerea Mazkiaran - Miércoles, 14 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Momotxorroak, sorgiñak y su akerra, maskaritak, juantranposoaky muchos más personajes relacionados con un pasado ligado a la tierra fueron ayer dueños y señores de las calles de Altsasu, que se transformaron por unas horas con su carnaval rural. La salida fue en estampida, con los momotxorros como avanzadilla de una anárquica comitiva que ayer volvió a ser grandiosa, con cientos y cientos de personas metidas en la piel de personajes que portaban pieles, sacos, cuernos y otros elementos del campo en un derroche de imaginación. También había escenas, como la ereintzao siembra, con unos bueyes que prepararon la tierra para un nuevo ciclo, o la boda, el inicio de una nueva vida.

De poner música a esta catarsis colectiva se encargaron la Txaranga Txorongo, Fanfarre Zangitu, txistularis y gaiteros de Altsasu y Xapiru Trikitixa Eskola, diferentes ritmos para disfrutar de esta fiesta, cada a uno a su manera. Así es desde 1982, cuando la Comisión de Carnaval recuperó esta fiesta desparecida en los años 30. Desde un principio, los altsasuarras se volcaron en esta celebración, convertida en seña de identidad, reconocida como fiesta de interés turístico de Navarra en 2011. El futuro es de los niños y niñas. Por ello, tuvieron un carnaval txiki pero con todos los ingredientes por la tarde.

En un mundo en el que todo es posible, el momotxorro es el auténtico protagonista. Lo cierto es que es el más espectacular, una simbiosis de humano y bovino lleno de simbología. Su fiero aspecto exterior se corresponde con su comportamiento salvaje, solo domesticado cuando baila la Momotxorroen dantza.

AKELARRE Otro de los momentos mágicos ayer fue cuando las sorgiñak de Dantzarima se reunieron en torno al fuego en la plaza Zumalakarregi para celebrar un akelarre de danzas y magia. Después, en la plaza de Los Fueros, mediante bailes, conjuros y música fueron las encargadas de despertar a la naturaleza de su letargo, purificada ya por el sonido de los cencerros, la ceniza y los golpes.