Y tiro porque me toca

Los descuidos

Por Miguel Sánchez-Ostiz - Domingo, 18 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Resulta delirante que un personaje tan turbio como el expresidente Felipe González, el de los GAL, el de la fortuna amasada gracias a la política y a sus odiosas trastiendas, hable de “descuidos generalizados” para referirse a la colosal corrupción política española, aunque más delirante resulta que él y otros como él, sigan pintando algo en la vida pública española necesitada de una regeneración urgente… provoque esto las risas que provoque, me da igual.

En mi opinión una melonada como la citada le hace a González encubridor o cómplice de la riada de casos de corrupción que han anegado la vida pública española en los últimos veinte años, por no hablar de los suyos, los del felipismo incontrolado. Algo sabe Felipe González de descuidos y se le podría refrescar la memoria con lo sucedido con Urralburu y los suyos, a quienes considero unos simples peones de un saqueo político de más largo alcance.

Descuidos, sí, los de los descuideros, que son honrados a carta cabal hasta que la justicia destapa el fraude, el enriquecimiento injusto, la ganancia indecorosa, el filo de la ley y la habilidad ratera del llamado “dos de oros”, la de los carteristas.

Descuido es alertar de la proliferación de noticias falsas, mientras se miente a placer a la ciudadanía practicando una política de una asombrosa opacidad en sus resortes.

Lo cierto es que la vida política española está llena de descuidos, de despistes y de posverdades, por no hablar de mentiras descaradas y de un descontrol fabuloso que se intenta tapar a base de dosis de patriotismo que es preciso meter a cucharadas.

Cito ahora por largo a Ramón Pérez de Ayala, poco sospechoso de izquierdista, por muy de republicano que oficiara, hablando de patriotismo, hace cien años, en Política y toros: “En todos los países, cuando a un político le han fracasado sus manejos, o anda urdiendo una pillada lucrativa, rara es la vez que no apela al resorte del patriotismo declamatorio”.

Los descuidos de los poderosos los cantaba con desgarradora precisión Alfredo Zitarroza en La ley es tela de araña, cuando al hablar de cómo a un gaucho que roba unas espuelas lo crujen, pero “Vamos pues a un señorón: / Tiene una casualidad;/ ya se ve, se remedió, / un descuido / que a cualquiera le sucede, / sí señor.

¿Y la mosca? (esto es el dinero alzado), se pregunta el poeta y a sí mismo se contesta y nos ilustra: “No se sabe, el estado la perdió”… y el preso sale a la calle y se acabó la función.

Descuidos, despistes, como el de Barrionuevo, condenado por el caso GAL, que estuvo en la cárcel menos tiempo del que llevan presos los dirigentes políticos catalanes (sin juicio) y los jóvenes de Alsasua (sin juicio).

Descuidos o despistes como los que revela la imagen del líder del PP en Santiago de Compostela rebuscando basura con una rama en la orilla del río Sar y que conforme la va encontrando la va tirando al propio río cuya contaminación denuncia. El descuido es de carcajada, ridículo si quieren, pero también revela algo grave: que esta gente que está en el gobierno piensa una cosa y hace otra, y que demasiado a menudo esos lapsus -sketches cómicos para sus cómplices-, no son sino muestras de lo que de verdad hacen y piensan en las trastiendas. La soltura del pepero gallego hace ver que eso de tirar basura al río es algo natural, que hacer lo contrario hubiese sido una rareza que no entraba en sus planteamientos.

¿Les preocupa el futuro de las pensiones o el imparable empobrecimiento de un sector cada vez más amplio de la población? No lo creo. En absoluto jamás se les ha odio hablar del alcance del desastre anunciado para una ciudadanía cada vez más desprotegida, tanto que hasta causa la alarma europea.

Cito de nuevo a Ramón Pérez de Ayala, con palabras de 1917, cuando decía que algo grave estaba sucediendo en el país: “Lo que haya pasado entre bastidores nadie lo sabe. Lo característico de la vida pública de España es que siempre se desarrolla en secreto”. ¿Les suena de algo? Es posible, pero fue escrito hace cien años, y así estamos… por descuido.