La confección de listas genera las primeras tensiones en UPN

Javier Esparza, en la rueda de prensa en la sede de UPN. (Oskar Montero)

Fuera del Gobierno y sin despegar en los sondeos, los regionalistas tienen menos puestos para repartir que nunca
La incorporación de personas ajenas a la organización ha generado malestar

Ibai Fernandez | Iñaki Porto - Domingo, 25 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Pamplona- Solía decir Miguel Sanz que lo peor de dirigir un partido era hacer las listas electorales, porque siempre había más candidatos que puestos a repartir. Y si eso ocurría cuando UPN estaba en máximos electorales y controlaba las principales instituciones, incluido el Gobierno foral, es fácil hacerse una idea del proceso de elaboración de candidaturas que afronta ahora la formación regionalista, el primer partido en poner en marcha la maquinaria electoral cuando falta más de un año para los comicios.

Ya sea por pasar cuanto antes este mal trago y evitar tensiones en víspera electoral, o por garantizarse una mayor cuota ahora que no cuenta con una oposición organizada, la realidad es que Javier Esparza ha decidido precipitar un proceso que comenzó a principios de año con unas primarias exprés en las que no hubo candidato alternativo a la presidencia del Gobierno, y que finalizará con la conformación de la plancha al Parlamento, en la que nadie da por seguros los puestos que queden por debajo de los quince escaños con los que cuenta ahora.

La pérdida de poder en 2015 fue tan rotunda que nadie alzó la voz entonces para clamar el qué hay de lo mío. Aunque hubo tímidos movimientos para evitar que Esparza se hiciera con la portavocía del Parlamento tras las elecciones, o para arrebatarle la presidencia en el congreso de septiembre de 2015, desde entonces el partido ha optado por cerrar filas con el nuevo liderazgo confiado en que la travesía por el desierto sea lo más rápida posible. Y para ello, lo mejor era evitar disputas internas como la que enfrento a Yolanda Barcina con Alberto Catalán que tanto había lastrado en la etapa anterior.

Primeros gestos Pero con los primeros movimiento han saltado también las primeras tensiones entre quienes están, quienes estuvieron y quienes aspiran a estar en el futuro. De momento, la exconsejera de Salud, Maria Kutz, ya ha anunciado su voluntad de competir con Enrique Maya por la candidatura en Pamplona. Kutz, con una larga trayectoria en UPN pero que apenas logró el 4% en el último congreso, afirma contar ahora con apoyos importantes, que todavía no ha querido detallar, en lo que se supone un equipo alternativo al que en la actualidad controla el grupo municipal.

No es el único movimiento que se espera en UPN, que también celebrará primarias en los municipios con más de 10.000 habitantes, y que debe dejar cinco puestos libres entre los 15 primeros al Parlamento para cargos elegidos por los militantes de cada una de las merindades. Gestos que refuerzan la democracia interna, pero que reducen el margen de maniobra de la dirección para contentar a todas las familias del partido, que aspiran al menos a mantener la cuota de representación pactada en 2015 entre Barcina y el propio Esparza. Y alguna de las cuales ha recibido con malestar que haya sido el propio presidente del partido quien haya promovido las afiliaciones de José Andrés Burguete y de Luis Ibero. Dos personas con larga trayectoria política lejos de UPN que no aportan más valor añadido que su militancia en CDN a una organización donde si algo si valora es precisamente la coherencia interna como militante de base.

Un gesto que ha sido interpretado además como un primer paso hacia la conformación de un equipo afín y leal al líder de UPN, que esta vez podrá conformar la lista electoral sin las limitaciones que le impuso hace tres años Yolanda Barcina. Y que podría sumar caras nuevas que le ayuden a presentar su candidatura como un proyecto renovado sin los lastres del pasado.

En clave de futuro Son movimientos y tomas de posición habituales en los partidos cuando llega el momento de confeccionar las listas electorales. Pero que en el caso de UPN cobran especialmente importancia tras una legislatura que internamente se ha asumido como de transición, y que tiene la vista puesta en unas elecciones que van a marcar el futuro del regionalismo.

Porque la conformación de las listas, sobre todo al Parlamento, van a determinar en gran medida qué UPN quedará para los cuatro años siguientes. Sobre todo si el partido no remonta en las encuestas (el Navarrómetro y el reciente sondeo de la consultora InPactos dejan a UPN en una horquilla escaños como la actual) y no logra aglutinar una alianza de Gobierno que, en el mejor de los casos, requeriría de un cuatripartito de derechas que incluya del PP a Ciudadanos, pasando por el PSN. Y los socialistas, al menos públicamente, ya han dicho que no están por la labor de un acuerdo de ese tipo que, además, contradiría el mensaje de cambio que defiende para España. Algo que a corto y medio plazo hace muy complicada la vuelta de UPN al poder.

Y si eso no ocurre, todos son conscientes de que habrá que recomponer el partido prácticamente desde los cimientos. Una renovación que será mucho más traumática y profunda que la de esta legislatura, y en la que partirá con gran ventaja quien logre una posición preeminente, tanto en visibilidad como en aliados, en la confección de listas que se va a realizar en los próximos meses.

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